Texto taller de Mindfullnes impartido por Miguel A Timón en las jornadas Naturalistas

Mindfulness: atención plena para una vida consciente y libre.

Tanto a nivel de especie como a nivel individual nuestra tarea de sobrevivir está muy relacionada con nuestra capacidad para resolver problemas, tomar decisiones, enfrentarnos a obstáculos y aprender de nuestros errores.

Para ello nos basamos en capacidades como la observación y el análisis, combinadas con facultades como la inteligencia, la memoria, la imaginación y la creatividad. Todas estas facultades nos son necesarias para enfrentarnos a los desafíos que la vida nos presenta. Sin embargo, todas estas facultades y capacidades son de muy poca utilidad si frente a los retos nos llenamos de ansiedad o angustia porque, una persona bloqueada emocionalmente es una persona intelectualmente anulada.

Si comparamos nuestro cerebro con un ordenador, observaremos que, como un complejo ordenador nuestro cerebro es capaz de hacer los cálculos más difíciles y encontrar las soluciones más innovadoras y originales. Sin embargo, al igual que un ordenador funciona con un software (programa) que estaría ubicado en el plano de la mente. Un ordenador por muy bueno que sea si el software es mediocre como máximo puede generar resultados mediocres. Y un cerebro excepcional con un software mental limitante solo pude producir procesos limitados.

El Software mental se fabrica fundamentalmente a través de nuestras experiencias.

Estas experiencias se convierten en los puntos de referencia que deciden la manera en la que el cerebro va a operar en el futuro.

Imaginemos que alguien ha tenido una serie de experiencias muy negativas con un Jefe (por ejemplo del partido C`s), si esa persona cambia de trabajo y al cabo del tiempo se encuentra con otro Jefe también de C`s es muy probable que comience a sentir un conjunto de emociones poco agradables.

Algo similar podría ocurrir con un niño que haya experimentado mucho sufrimiento a la hora de aprender algo nuevo. Si lo sometemos a un nuevo aprendizaje el niño tendrá problemas para concentrar su atención, para comprender y memorizar.

Parte de las experiencias que hemos acumulado a lo largo de nuestras vidas son esenciales para nuestra supervivencia (y eso está muy bien). Sin embargo, otras experiencias son, profundamente limitantes y nos impiden adaptarnos a situaciones complejas e inciertas como el desempleo, las pérdidas o, los cambios en nuestra vida. Es precisamente este tipo de experiencias las que más nos interesa conocer y comprender, porque cuando las cambiamos, nuestro cerebro también cambia y se hace más libre.

Los seres humanos, cuando cambiamos nuestros programas mentales más limitantes por otros que lo son menos, modificamos físicamente la estructura de nuestro propio cerebro. Tal vez por eso el Profesor Ramón y Cajal (premio nobel en 1906, decía que todo ser humano puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.

Veamos cómo funcionan esos programas: el modo de funcionamiento de la mente orientado a la acción.

Para resolver problemas o para hacer cosas, la mente suele funcionar con patrones determinados, con ciertas rutinas.

Ayer, cuando venía de trabajar, tenía que desviarme un momento de mi camino habitual para entregar un paquete a un amigo. Venía pensando en que tenía que arreglar un enchufe cuando llegara a casa, que tenía que pasar por la ferretería y comprar cinta aislante y cuando me quise dar cuenta me había pasado de la calle por la que tenía que desviarme.

En ese momento miré el paquete y pensé retrospectivamente: “hubiera tenido que desviarme antes”. “No, si eso me pasa por hacer favores a los demás…” (Rumiación)

-¿Y ahora qué hago? ¿Ahora qué hago? (proyección hacia el fututo)

Para solucionar el problema mi mente elaboró una estrategia aparentemente sencilla:

  1. Girar en sentido contrario, volver sobre mis pasos
  2. No pasarme de la desviación que tenía que coger para entregar el paquete.

Esta rutina es de gran ayuda para conseguir objetivos, resolver problemas o cambiar las cosas.

A esto lo denominamos el modo de funcionamiento de la mente orientado a la acción, y para que sea eficaz, la rutina debe conectar y relacionar 3 ideas:

  1. Donde estoy en cada momento (el estado presente)
  2. A dónde quiero ir (el lugar de destino, el objetivo o los resultados deseados).
  3. A dónde no quiero llegar (el destino equivocado o el resultado que se quiere evitar).

Si se tienen presentes y se comparan estas 3 ideas, se puede ver:

  • Hasta qué punto el presente estado de las cosas se corresponde con el objetivo que quiero cumplir y se diferencia del resultado que quiero evitar.
  • Saber si la distancia entre donde estoy y mi objetivo aumenta o disminuye me permite conducir mi mente y mi cuerpo en la dirección correcta.

En general no somos conscientes de todos estos procesos, los hacemos inconscientemente en el fondo de nuestra consciencia.

Empleando esta misma estrategia de la mente orientada a la acción podemos alcanzar muchos de nuestros objetivos, desde desarrollar ordenadores, construir edificios o llevar un hombre a la luna.

Características fundamentales del modo de la mente orientada a la acción:

  1. Suele funcionar de forma automática. (Vivir en piloto automático)
  2. Emplea como base pensamientos e ideas. (Desde hace 14.000 años pensamos a través de juicios; bueno/malo, etc. ).
  3. Vivimos siempre en el pasado o en el futuro. En realidad actuamos como si ya estuviéramos en el futuro. Y al proyectar nuestros temores hacia el futuro nos generamos ansiedad.
  4. Reaccionamos de forma automática evitando el dolor y buscando el placer. Intentamos evitar toda experiencia desagradable o incómoda. Esta forma de reaccionar se denomina aversión, y tiene que ver con patrones mentales que no nos permiten desprendernos de emociones no deseadas (temores).
  5. Tenemos que conseguir que las cosas sean siempre como creemos que deben ser. Esta pauta genera exigencias en nosotros mismos y en los demás. Aquí aparecen todos los “debería…” los “tendría que …”).
  6. Contemplamos los pensamientos y las ideas como algo real.
  7. Nos volvemos exigentes con nosotros mismos. Damos prioridad a la consecución de nuestros objetivos aunque tengamos que pasar por encima de medio mundo, incluidos sentimientos, relaciones, incluso, pasando encima de nuestro propio dolor.

Si estas formas de funcionar son tan eficaces ¿por qué no funcionan en nuestra vida?

Si lo que queremos lograr es cambiar el mundo que nos rodea, desde construir una casa o llevar un paquete, el modo de la mente orientado a la acción es muy eficaz. Por eso nuestra mente recurre casi siempre a esta estrategia.

Pero, ¿qué pasa cuando una noche nos encontramos preocupados porque al día siguiente tenemos que trabajar y no podemos dormir?

Cuanto más vueltas damos a nuestra preocupación más dificultades tendremos en conciliar el sueño.

Si comparamos las 3 ideas de la rutina:

  1. Dónde estoy (DESPIERTOS)
  2. A dónde quiero ir (DORMIRNOS)
  3. Dónde no quiero terminar (CON LOS OJOS COMO PLATOS)

Seguramente seremos muy conscientes de la enorme distancia que tenemos entre donde estamos y a dónde queremos ir, y cómo esa distancia no disminuye, sino que aumenta.

Lo mismo puede pasarnos con una emoción o cuando nuestro objetivo tiene que ver con nuestro mundo interno como la timidez. Imaginemos que nos encontramos en una reunión social y hemos cometido una torpeza, hemos derramado una copa sobre alguien /(y nos repetirnos): ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!

¡Qué torpe soy! ¡Si es que parezco tonto!,

¿Cómo ha sido nuestra experiencia al repetirnos ese mensaje? Cuanto más nos queremos alejar de ese pantano emocional de la vergüenza más nos hundimos.

Esto es así porque el modo de la mente orientado a la acción necesita tener presente la distancia que existe entre el tipo de persona que somos y el tipo de persona que queremos ser. Y eso no hace más que recordarnos lo lejos que estamos de donde queremos llegar, por lo que seguramente nos surgirán sentimientos de fracaso, frustración, culpabilidad, etc.

La preocupación que nos lleva a dar vueltas y vueltas a las cosas no es más que una forma de impulso orientado a la acción. La mente redobla sus esfuerzos para conseguir sus objetivos, pero esto solo hace empeorar las cosas.

La rumiación recurre al modo de la mente orientado a la acción para arreglar la vergüenza, la irritación, la ira o el temor porque este patrón funciona muy bien para arreglar cosas en el mundo exterior.

Pero cuando se trata de arreglar lo que está sucediendo en nuestro mundo interior (en nuestro yo) las rumiaciones y el esfuerzo a través voluntarismo fracasan estrepitosamente.

Lo mismo pasa cuando proyectamos nuestros temores hacia el futuro, nos generamos ansiedad.

¿Qué alternativas podemos emplear frente a la rumiación y a la ansiedad sobre el futuro?

Es posible que nos hayamos dado cuenta de que lo que impera en nuestra vida es el modo orientado a la acción (software del que hablábamos).

El problema reside en que una vez instalados en esa rutina, nuestra mente se desliza casi siempre hacia el impulso a la acción:

  • Nos apresuramos a hacer una cosa tras otra, o varias cosas a la vez;
  • Funcionamos generalmente en piloto automático
  • Nos juzgamos y juzgamos continuamente a los demás.
Para salir de esas pautas de nuestra mente:

  1. Lo primero que tenemos que hacer es darnos cuenta de ello. Aprender a reconocer nuestras rumiaciones que nos impulsan a actuar en el mismo momento en el que las experimentamos.
  1. Cultivar patrones mentales alternativos que nos permitan gestionar de forma más sabia nuestras emociones, o nuestras propias experiencias internas. Aquí puede entrar Mindfulness.

Mindfulness, se basa en la práctica de la Atención Plena como filosofía de vida.

Mindfulness es, fundamentalmente un concepto sencillo. Su poder reside en el hecho de practicarlo y aplicarlo. Es simple, lo cual no quiere decir que sea fácil de practicar.

Mindfulness, significa prestar atención deliberadamente al momento presente, sin juzgar.

Este tipo de atención permite desarrollar una mayor conciencia, claridad y aceptación de la realidad del momento presente.

Nos despierta para que podamos darnos cuenta de que nuestra vida se despliega sólo momento, tras momento, tras momento.

Si durante la mayoría de estos momentos, no estamos plenamente presentes, es posible que nos perdamos lo que es más valioso en nuestra vida y que no nos demos cuenta de la riqueza y la profundidad de nuestras posibilidades de crecimiento y transformación.

  Mindfulness puede ayudarnos:

  • A tomar conciencia del piloto automático, para que los momentos de nuestra vida no transcurran como si estuviéramos dormidos.
  • Aproximarnos directamente a nuestra experiencia, en vez de mirar la vida a través de pensamientos que se centran exclusivamente en alcanzar determinados objetivos.
  • Abrirnos al momento presente en lugar de perdernos en un viaje mental en el pasado o en el futuro.
  • Aprender a surfear sobre nuestras emociones o reacciones automáticas. Poner nuestra atención en aquellos pequeños puntos de reactividad que pueden desembocar en un incendio emocional.
  • Desidentificarnos de nuestros pensamientos (relacionarnos con ellos como lo que son: procesos de la mente).
  • Conocernos mejor para cuidarnos. La atención plena nos brinda una nueva forma de conocer, un conocimiento directo, experiencial e intuitivo: conocemos lo que estamos experimentando mientras lo experimentamos.
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