Amparo Poch y Gascón, ‘El médico ante la vida’

Sergio Giménez

POR SERGIO GIMÉNEZ

Hace un año, la editorial mallorquina Calúmnia publicó esta serie de artículos con motivo del 8 de Marzo.

Mente privilegiada, espíritu libre y voluntad de hierro. No se nos ocurre mejor manera de condensar la personalidad de Amparo Poch y Gascón, médica anarcosindicalista, feminista y pacifista, entregada de lleno a la salud y los derechos de los niños y las mujeres trabajadoras. Una mujer que logró romper los límites de la sociedad patriarcal que le tocó vivir para dedicarse a cuanto se propuso, al tiempo que buscaba la liberación de la mujer del triple yugo del machismo, la ignorancia y el capitalismo.

Se vino al mundo un 15 de octubre de 1902, en Zaragoza. Un día le dijo a su padre, un teniente chusquero de pontoneros, que deseaba estudiar Medicina; la respuesta fue que no era carrera propia de mujer. Así, cursó Magisterio y acabó en 1922 con premio extraordinario del Grado de Bachiller en la sección de Ciencias. Sin embargo, la joven Amparo siguió firme en su verdadera vocación, hizo un curso preparatorio y se matriculó en la Facultad de Medicina de Zaragoza, la única mujer en aquel primer curso entre los 435 matriculados. Se licenció con 28 matrículas de honor en todas y cada una de las asignaturas cursadas, además de premio extraordinario de su promoción por un trabajo titulado Valor diagnóstico del examen del líquido cefalorraquídeo (1929). Pronto abriría consulta en una habitación de su casa, dirigida principalmente a mujeres y niños de clase obrera.

Durante sus años en la Escuela Normal Superior de Maestros de Zaragoza pronto se daría a conocer. Fue en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes (1923) cuando, ante una mayoría de organizaciones católicas, discutió el papel convencional a que se veían relegadas las mujeres. Ya andaba entonces acompañada de estudiantes anarquistas, y se aficionó a la lectura de cabeceras libertarias como Cultura y Acción, Voluntad y Solidaridad Obrera de Barcelona. Poco después comenzó a frecuentar los locales de los sindicatos de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en la ciudad, a los que pronto acudiría a dar charlas y clases de alfabetización. Además, colaboró en el proyecto de las casas baratas de la Ciudad Jardín, de los Ferrocarriles de Aragón.

También despertó pronto en ella el interés por el periodismo, igual que por la poesía y la literatura. Empezó publicando artículos en la prensa generalista, el primero en el diario turolense La Provincia bajo el sugerente título “Abajo las armas” (7-I-1922), y continuó escribiendo en periódicos y revistassobre todo en La Voz de la Región de Zaragoza, donde en 1923 publicó más de cuarenta trabajos–entre ellos siete poemas— en que trata asuntos como el anticapitalismo, el feminismo, el pacifismo, los beneficios del buen humor, el suicidio o la ecología. Más tarde, entre 1927-1928, mandó cinco artículos más a La Voz de Aragón. Diario de Zaragoza; interesa destacarlo porque en “La otra moral (temas vulgares)” (11-IX-1928) y “Cielo” (19-XII-1928) empieza a contar sus vivencias durante las prácticas médicas universitarias. Desde entonces, literatura, periodismo y medicina irán a menudo de la mano.

En los años republicanos continuó publicando artículos de prensa, a los que incorpora temas de maternidad, puericultura, higiene, sexualidad y contracepción, en un intento de acabar con los atavismos de la moral católica dominante. Muchos de sus textos aparecen ahora en cabeceras libertarias: unas, de contenido cultural y espectro ideológico ecléctico, como Orto. Revista de documentación social (1932), Cuadernos de Cultura (1932) y Estudios (1933-1934); otras, portavoces del anarcosindicalismo y afines, como CNT (1934), Solidaridad Obrera de Barcelona o, más tarde, El Sindicalista (1936-1937). Aunque también colaboraría en publicaciones como La Casa del Médico. Revista Gráfica mensual, donde algunos de sus artículos guardan bastante parecido con los que compartimos en este libro, siguiendo la línea en que da testimonio de sus experiencias médicas; es el caso de “Un muerto y el sol” (IX-1934) y “Aquel suicida” (III-1935).

Los relatos cortos que os presentamos vienen a ampliar la magnífica recopilación de Antonina Rodrigo titulada Amparo Poch y Gascón, textos de una médica libertaria (2002), así como el listado de artículos que contiene la tesis doctoral Ética, anarquismo y sexualidad en Amparo Poch y Gascón (2017), de Concepción Gómez Cadenas. Fueron publicados en el diario republicano La Tierra durante la primavera de 1935. Nos topamos con ellos de forma casual, mientras tratábamos de rellenar otro vacío existente en su biografía: el momento, el modo y las motivaciones de su adhesión al Partido Sindicalista de Ángel Pestaña. Y estamos convencidos de que se descubrirán más escritos suyos a poco que alguien se lo proponga.

Situémonos. En mayo de 1934, durante el período más reaccionario de la Segunda República española, Amparo abandona Zaragoza porque la situación allí se le hace insoportable. De un lado, se había implicado en los graves enfrentamientos acontecidos a raíz de la huelga general revolucionaria de diciembre de 1933; no importaba, a ojos de las autoridades, que lo hiciera más en calidad de doctora que de sindicalista. De otro, acababa de separarse de su marido, Gil Comín, con quien se había casado pocos meses antes.

Se instaló en Madrid. Allí se inscribió en el Colegio Oficial de Médicos para poder ejercer su oficio y abrió diferentes consultas, entre otras su propio domicilio de la calle Libertad del Puente de Vallecas y los servicios gratuitos para obreros y obreras sin recursos organizados por la Mutua de Médicos del Sindicato de Sanidad de la CNT. Amplió estudios en la Escuela Nacional de Puericultura, obteniendo el título en julio de 1935. Y compaginó estudios y profesión con actividades sindicales, clases y conferencias en la Federación Local de Sindicatos de la calle de La Luna, así como en diversos ateneos, donde con frecuencia trataba asuntos relacionados con la higiene, la sexualidad y la contracepción.

Fue en marzo de 1935 cuando se integró en el equipo de colaboradores del periódico madrileño vespertino La Tierra, dirigido por el controvertido Salvador Cánovas Cervantes, y en cuyas páginas coincidieron destacadas plumas del republicanismo de extrema izquierda con otras procedentes del anarcosindicalismo. Amparo se incorporó ya en su última etapa, en un momento de profunda crisis del rotativo debido a los problemas económicos y a la férrea censura gubernamental instaurada desde las jornadas revolucionarias de octubre de 1934, y pese a que su nombre siga apareciendo en la relación de colaboradores hasta su cierre definitivo, a comienzos de junio, su último escrito salió publicado el 30 de abril.

En total, publicamos cinco textos, escritos con estilo claro y directo que destila una fina ironía que no declina en acritud. Excepto el último, un suelto publicado con la excusa del Día Internacional del Trabajo, pertenecen a la serie titulada El médico ante la vida, en que la autora relata episodios cotidianos en el ejercicio de su profesión. En ellos laten algunas de las cuestiones políticas, sociales y culturales que más le inquietaron, entre ellas el amor libre, el pacifismo, los límites del oficio en su implicación personal con los pacientes o la mayor vulnerabilidad de los niños de clase obrera ante las enfermedades

Veamos:

  • Un “chófer”: Una historia relacionada con la carga familiar que soporta un taxisa enfermo sirve para anunciar otros temas como la fugacidad del amor, la carga familiar del obrero o los límites de la profesión médica en su implicación personal en la vida del paciente. Narrada en tercera persona, el diagnóstico realizado en un hospital de beneficencia nos acerca a la vida de la autora. El estilo roza por momentos la prosa poética.
  • Un consejo “inmoral”: Menos literario que el anterior y escrito en primera persona, el relato trata más a fondo la caducidad del amor en pareja y la infidelidad para llegar a formular una crítica a la monogamia y a la institución del matrimonio. Deja entrever, por otro lado, el método empático y humanista que la doctora Poch usaba con sus pacientes.
  • Al servicio de la Revolución: Mediante un diálogo mantenido con un pediatra de derechas, la autora muestra con elegante ironía la contradicción que conlleva la defensa de ideas reaccionarias y pasar consulta a niñas y niños pertenecientes a familias anarcosindicalistas.

El doctor Salero es un verdadero tope de la revolución y lleva una medalla con no sé qué santo, debajo de la camisa.

Sin embargo, un tanto por ciento de la numerosa clientela que tiene está compuesto de niños anarcosindicalistas. El coche del doctor entra gritando en las calles obreras y éste sí, éste también, todos los futuros revolucionarios son clientes suyos. Las madres le saludan como si él mismo fuera el santo de la medalla. Claro que es muy buen pediatra, y que, además, presta sus servicios en una consulta benéfica que no es mala propaganda.

Un día discutíamos acerca de enfermedades infecciosas y yo le sugerí si habría entre los microbios una cierta “lucha de clases”. Él me miró haciendo arcos con las cejas.

– No sé qué quiere usted decirme, exactamente.

Yo le expliqué que quería decir, poco más o menos, si no habría microbios para los ricos y otros para los pobres; si las razas microbianas no habrían experimentado la influencia del medio y no tendrían distinto orgullo y prestigio, según…

Amparo Poch (2020), El médico ante la vida. Serra de Tramuntana: Calúmnia Edicions, pp. 34-35.
  • ¿Qué es lo que sobra?: Otra conversación con un colega conservador sirve de pretexto para tratar someramente y enlazar con maestría temas como el patriotismo, el internacionalismo obrero, la mujer y el pacifismo.
  • Frente al gesto bélico. Es un diálogo entre el Hombre, la Mujer, el Primero de Mayo y la propia autora, que se convierte en todo un alegato contra la guerra y el patriotismo en que invita a la reflexión aprovechando el asueto de la festividad.

Esta última técnica de diálogo entre personajes alegóricos ya la había utilizado mucho antes, por ejemplo, en “La carcajada (letras femeninas)”, publicado en La Voz de la Región (23-IV-1923). Y usará el mismo epígrafe y algunos párrafos casi idénticos justo un mes después, cuando se clausure La Tierra, en un escrito publicado en Tiempos Nuevos. Revista de sociología, arte y economía (1-9-1935), en que advierte a las mujeres del peligro de los gases tóxicos usados en la guerra química.

El simbolismo de los personajes y la narración de episodios relacionados con la práctica de la Medicina estarán presentes, en clave de humor, en su conocida serie de relatos cortos Sanatorio del Optimismofirmada en Mujeres Libres tras el pseudónimo Dra. Salud Alegre y publicada en folleto en 1938. Conviene recordar que Amparo Poch había sido, junto a Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Camposada, cofundadora de la organización autónoma Mujeres Libres y de su revista homónima en la primavera de 1936.


Amparo Poch en un mitin en que intervino en representación de Mujeres Libres, 16-II-1937

Para acabar, merece la pena mencionar también que fue presidenta la Liga Hispánica contra la Guerra, sección española de la War-Resisters International. Lo cual no impidió que se implicara de lleno en la lucha del bando antifascista durante la Guerra Civil, ocupando diferentes cargos, entre los que destacan el de Consejera de Asistencia Social en el Ministerio de Sanidad de Federica Montseny, desde donde creó los Hogares Infantiles, y Directora del Casal de la Dona Treballadora en 1937, en Barcelona, donde abrió una consulta pediátrica con sus alumnas y promovió cursos de capacitación inmediata de las mujeres. Son sólo dos muestras de una actividad frenética que la llevó de doctora miliciana en el 9º Batallón del Regimiento Ángel Pestaña y representante del Partido Sindicalista en la Junta de Protección de Huérfanos de Defensores de la República, creada por el ministerio de Instrucción Pública, hasta encargada de las Brigadas de Salvamento y de su formación en primeros auxilios desde Mujeres Libres. Finalmente, cuando la derrota ya era un hecho, organizó la evacuación de las colonias, granjas-escuela de niños y refugios de ancianos y heridos.

   Ni la derrota ni el exilio en Francia hicieron desfallecer a nuestra protagonista en la lucha en la triple vertiente que hemos apuntado. Murió en Toulouse el 15 de abril de 1968, tras una larga enfermedad. Según la historiadora Laura Vicente, en la cartilla de la caja de ahorros sólo tenía 16 francos con 29 céntimos.

   Nos dejó la novela Amor (1923); una Cartilla de consejos a las madres (1931) que obtuvo el II Premio Dr. Borobio de Protección de la Infancia; los tratadoLa vida sexual de la mujer: pubertad, noviazgo, matrimonio (1932) y Niño (1937); el prólogo a El matrimonio libre, de Pedro Ribelles Pla (1937); poemas, dibujos y más de un centenar de artículos de prensa.

BIBLIOGRAFÍA

ACKELSBERG, Martha (1999), Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. Barcelona: Virus.

FONTECHA PEDRAZA, Antonio, “La Tierra (1930-1935)”, VVAA (1987), Prensa obrera en Madrid (1855-1936). Fuentes para el estudio de la cultura popular madrileña en los años treinta. Madrid: Comunidad de Madrid, Consejería de Cultura y revista Alfoz.

GÓMEZ CADENAS, Concepción (2017), Ética, anarquismo y sexualidad en Amparo Poch y Gascón [tesis doctoral]. Madrid: Universidad Complutense, Facultad de Medicina, Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública. En: https://eprints.ucm.es/43531/1/T39142.pdf (consulta: 15-9-2019).

MIQUEO, Consuelo, “Amparo Poch y Gascón”, Diccionario Biográfico electrónico (DB~e) de la Real Academia de la Historia. En: Amparo Poch y Gascón | Real Academia de la Historia (rah.es) (consulta: 1-3-2021).

NASH, Mary (1975), Mujeres libres: España 1936-1939. Barcelona: Tusquets

RODRIGO GARCÍA, Antonina (2002a), Una mujer libre: Amparo Poch y Gascón, médica y anarquista. Barcelona: Flor del Viento Ediciones.

RODRIGO GARCÍA, Antonina (2002b), Amparo Poch y Gascón, textos de una médica libertaria. Zaragoza: Diputación Provincial. Servicio de Cultura.

VICENTE VILLANUEVA, Laura, “Mujeres Libres y Amparo Poch y Gascón. En su 50 aniversario (16 francos con 29 céntimos)”, Libre pensamiento, nº 96, 2018, pp. 95-101. En: http://librepensamiento.org/wp-content/uploads/2019/03/LP-Nº-96_WEB.pdf (consulta: 15-9-2019).

Placa homenaje ubicada en la calle Madre Rafols, 8 de Zaragoza, donde prestaba atención médica a mujeres y niños, con horario especial para obreras.

SER HISTÓRICO

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