UNA HUELGA DE PUTAS EN EL BARRIO

ANDREA MOMOITIO

En 1977, el cadáver de María Isabel Gutiérrez Velasco aparece calcinado en una celda de la prisión de Basauri (Bizkaia). Sus compañeras no se creyeron la versión oficial y esos días declararon una huelga de prostitutas en Bilbao.

Foto de Javier Freijanes para la revista 'Posible' intervenida por Zuriñe Burgoa.- Libros del K.O

Foto de Javier Freijanes para la revista ‘Posible’ intervenida por Zuriñe Burgoa.- Libros del K.O

Mi historia con María Isabel está indisolublemente vinculada a Pikara Magazine. La primera vez que escribí sobre ella fue en un artículo que publiqué en +Pikara, el blog que tenemos en eldiario.es. 2016.

Yo ya estaba obsesionada con aquella historia. En mi barrio, San Francisco, en 1977, un grupo de prostitutas se habían puesto en huelga para tratar de esclarecer qué había pasado con María Isabel Gutierrez Velasco. El 9 de noviembre de 1977 apareció muerta en una celda de la cárcel de Basauri. Sus compañeras no se creyeron la versión oficial [que, en realidad, fueron varias] y aquellos días convocaron las primeras protestas: manifestaciones, encierros en un hospital, encadenamientos a puentes. No estaban solas. De su mano, el incipiente movimiento feminista, el movimiento homosexual (utilizando la terminología de la época) y los comités de apoyo a la COPEL. Digo bien: comités de apoyo. Porque la COPEL solo existía dentro de la cárcel. La coordinadora de presos en luchas vivió sus años álgidos entonces, en esa época que llamamos Transición, cuando todavía algunas y algunos creían que era posible ponerlo todo patas arriba.

Mi María Isabel. Una huelga de putas en mi barrio.

Desde que escuché hablar de aquello por primera vez, he preguntado por aquí y por allá incansablemente. Algunas vecinas guardaban pequeños recuerdos; otras, como Marta, La Discreta, era capaz incluso de explicarme en qué situación exactamente quedó su cadáver. He contado los pasos por el barrio, he tocado timbres, he hecho nuevas amigas; he conocido a Olga y a Vicente; he entendido mejor por qué es tan importante en el barrio la procesión del Nazareno y, ahora, yo también miro con amor al Pelos.

Lo he querido saber todo. Hemerotecas. Archivos. Decenas de entrevistas. Peticiones denegadas y vuelta a empezar. Santander. Bilbao. Salamanca. Pregunta por aquí y pregunta por allá con una obsesión entre ceja y ceja: ella. ¿Quién era María Isabel? ¿Dónde estuvo antes de llegar a Bilbao? En 2018, a partir del planteamiento del movimiento feminista de hacer una huelga, pensábamos que podía ser bonito hacer un especial sobre otras huelgas desconocidas y aproveché para publicar “Las putas que clamaron por María Isabel“. Mis ganas de profundizar en su historia, de jugármela con los límites, iban en aumento. En San Cristóbal de las Casas, mientras Zuriñe pasaba un virus, en la puerta de casa de Laura, decidí que la historia era importante y que quería contarla yo; entendí que ya estaba unida profundamente a una mujer que murió antes de que yo naciera. Sus miedos, su locura, su familia, su fuego, todo empezó a formar parte de mí. En uno de los archivos que he visitado, ante mi empeño por los detalles y mi obsesión por María Isabel, llegaron a insinuarme que mi trabajo nunca sería riguroso y tienen razón. Lunática, el libro que acabo de publicar con Libros del K.O, es el relato de una obsesión. Emilio Sánchez Mediavilla, mi editor, escribe en la contraportada que ha sido una búsqueda “originalísima, apasionada, a ratos caótica, callejera, marginal, intuitiva, detectivesca, desesperada y torrencial”. Ha sido, desde luego, la búsqueda de mi vida y, el día que tuve en mis manos su foto, el día que abracé a su hermano o el día que conocí a su madre, fui profundamente feliz.

En Lunática podréis conocer mejor mi obsesión, pero, sobre todo, podréis conocer mejor a María Isabel. ¡Menuda tía! Creo que no nos llevaríamos muy bien, la verdad, pero la quiero por encima del tiempo, de lo posible, por encima de lo que significa estar viva o estar muerta. Su muerte fue una chispa, una pequeña chispa en un noviembre cualquiera, que pudo haber cambiado las condiciones materiales de las prostitutas de Bilbao, pero que, finalmente, no cambió casi nada. Eso sí, nadie podrá decir nunca que su historia es una historia desconocida.

Ojalá Lunática sea una excusa contra el olvido.

FUENTE: PIKARA MAGAZINE

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