Manifiesto contra todas las guerras (Carlos Taibo)

El pasado día 18 de enero, y de la mano del Ateneo Libertario de Carabanchel, en Madrid,  Carlos Taibo presentó en el ESLA Eko el “Manifiesto contra todas las guerras”.

Carlos Taibo:

Me gustaría acometer tres reflexiones. La primera se refiere a cómo surgió el manifiesto que hoy presentamos. Hace aproximadamente tres meses, un grupo de personas se comenzó a reunir para ahondar en la idea, fácilmente constatable, de que no estamos a la altura de los acontecimientos en lo que hace a la guerra de Ucrania y a los debates aledaños a ella. La cuestión se nos ha ido visiblemente de las manos. Antes del verano hubo algunas concentraciones, pero esas tímidas iniciativas fueron muriendo. El manifiesto surge para retomar e integrar iniciativas dispersas o, lo que es lo mismo, para ofrecer una especie de tronco común que sirva  para canalizar alguna iniciativa que, al menos, nos permita apaciguar la mala conciencia que arrastramos.  

En relación con esto, creo que estaría bien que alguien hiciera un estudio serio llamado a explicar por qué hace veinte años, al amparo de la agresión norteamericana en Iraq, se produjo una movilización popular relativamente importante y ahora estamos prácticamente en la inopia. Con certeza habría que invocar argumentos como el que nos recuerda que hoy en La Moncloa hay un Gobierno supuestamente de izquierdas, y entonces había uno del Partido Popular. Habría que recordar que en el conflicto de estas horas el agresor, al menos en los últimos tiempos, es la Federación Rusa, que no es una de las potencias occidentales. Habría que subrayar que actualmente los movimientos sociales atraviesan un momento de debilidad y de división. Y habría que hincarle el diente a la manipulación y a la censura que ejercen los medios de incomunicación, a buen seguro más severas que las que se revelaron hace dos décadas.

Pero, y en segundo lugar, en relación con el contenido del manifiesto, me gustaría resaltar cinco ideas, no sin antes dejar claro que yo no he participado en la redacción de aquel.

El Manifiesto responde, antes que nada, a la voluntad de ejercer la solidaridad con las gentes que están sufriendo al calor de esta guerra. Estoy pensando en la población civil ucraniana, pero también en los soldados ucranianos y rusos… Me parece que nos hemos olvidado palmariamente de quienes, en esos dos países, han decidido resistir frente a la ignominia de los Gobiernos, y de los oligarcas, correspondientes. Me gustaría recordar que en el inicio del conflicto la Internacional de Resistentes contra la Guerra pidió que la Unión Europea reconociese la condición de refugiados a los desertores rusos y ucranianos; la UE se negó rotundamente. Me interesa la gente que, tanto en Rusia como en Ucrania, ejerce la desobediencia civil frente a sus gobernantes y es  objeto de una dura represión.

Debo hablar, por otra parte, de la OTAN, toda vez que el Estado en el que nos encontramos pertenece a esa organización y participa activamente en sus políticas. Creo que ya he señalado en el pasado, aquí en el Eko, que una persona que firmaba con su nombre y se expresaba con corrección formuló en las redes sociales un reproche que, dirigido a mi persona, considero tenía algún fundamento. Adujo que quienes están en la izquierda dedican un 80% de su tiempo a criticar a la OTAN, cuando la guerra de Ucrania reclama atención para otras muchas materias importantes. A pesar de que tenía algo de razón, me vi obligado a defenderme y señalé que es cierto que dedico una buena parte de mi tiempo -aunque no el 80%- a criticar a la OTAN porque esta es una tarea proscrita en nuestros medios de incomunicación. La OTAN es responsable del despliegue, en los tres últimos decenios, de una ambiciosa operación de cerco sobre Rusia, materializada en la incorporación a la organización de catorce Estados de la Europa central y oriental, y en el despliegue de un buen número de bases militares. Es también un ariete fundamental de una estrategia de tercermundización de buena parte de la Europa central y oriental recién mencionada. Ni siquiera podemos acogernos a ese mito que dice que la OTAN es una organización militar de Estados democráticos: la Turquía de Erdogan, responsable de un genocidio en toda regla en el Kurdistán, es un miembro floreciente de la OTAN, una instancia empeñada, en fin, en entronizar códigos de doble moral que invitan a tratar de manera diferente a los amigos y a los enemigos. Ya sé que esta comparación genera ampollas, pero desde la admiración y el respeto por las personas que aquí se han entregado a la solidaridad con los refugiados ucranianos, me veo en la obligación de preguntar por qué hace veinte años no reaccionamos de la misma manera cuando el ejército del señor Putin -no hablo de otros- desplegó una política de tierra quemada en Chechenia. O ante la situación tétrica que marca la vida de palestinos y saharauis. El fortalecimiento de la OTAN al que asistimos anuncia militarización, crecimiento espectacular de los gastos en defensa, negocios prósperos para la industria de armamentos, autoritarismo, represión de las disidencias, injerencias y, a la postre, intervenciones militares que ya no van a precisar la etiqueta de humanitarias.

Pero el manifiesto no ahorra críticas tampoco a la Rusia de Putin, un sistema indeleblemente marcado por una pulsión imperial-militar autoritaria, por lo que a menudo es un nacionalismo de base étnica, por la defensa de los valores tradicionales, de la familia y de la Iglesia ortodoxa, por la represión que se ejerce sobre los movimientos contestatarios y, en fin, por el inmoral universo de los oligarcas, en un marco de extremas desigualdades. Recuerdo que hace unos meses, en el debate posterior a un acto sobre la guerra de Ucrania desarrollado en Barcelona, un joven opositor ruso me preguntó qué es lo que, a mi entender, debía hacer la oposición en su país. A mitad de camino entre el argumento serio y la broma, le respondí, que, como en 1905 y 1917, lo que tenían que hacer era ocupar las fábricas y crear soviets. Lo mismo que tenemos que hacer aquí.

Me importa subrayar que el manifiesto procura huir, también, de la tentación de otorgar a la guerra de Ucrania un peso singularísimo que la coloque por encima de otros conflictos que, antes bien, queremos tener bien presentes. Estamos contra todas las guerras, porque en todas ellas se revelan los mismos mecanismos vinculados con la autoridad, el poder, la violencia y la lucha de clases. Y tenemos el deber de preguntarnos por qué en los últimos meses se ha discutido tanto –vamos a suponer que ha sido así- sobre la conveniencia de armar al ejército ucraniano, y nunca hemos tenido conocimiento, en cambio, de que un debate de la misma naturaleza se hiciese valer –repito la cláusula- en relación con Palestina, el Kurdistán o el Sahara occidental.

Tenemos que plantar cara, en fin, a la ignominia de nuestros medios de incomunicación. Estos últimos se han entregado a una franca censura de aquellas opiniones que subrayaban que a las potencias occidentales les atañen responsabilidades centrales en la gestación de esta guerra. Han promovido en paralelo un discurso maniqueo que dibuja en Ucrania un ejército asesino, el ruso, enfrentado a un puñado de monjitas. Y han alentado, en fin, una inquietante rusofobia que  a menudo ha recibido como respuesta una no menos inquietante ucraniofobia. Los expertos han sido sistemáticamente proscritos, en suma, en provecho de esa genuina plaga contemporánea que son los tertulianos de las radios y las televisiones.

Os invito, en tercer y último lugar, a sumaros a esta iniciativa, a que trabajéis para que vuestras organizaciones la abracen y a que lo hagáis a título individual. Tengo que volver sobre lo que dije al principio; quiero ser plenamente consciente de que por detrás de esta iniciativa hay algo de mala conciencia, despunta  una constatación de que no estamos a la altura de las circunstancias, aun cuando este sea un argumento poco ilusionante a efectos de proponer algo diferente y alternativo. Pero quiero creer que nuestra capacidad para esparcir esta información todavía está activa y que tenemos por delante la posibilidad de convocar manifestaciones y concentraciones en torno al 24 de febrero, el primer aniversario del inicio de la guerra. Gracias por haberme escuchado.

Vídeos de la presentación:

Videos de la presentación del manifiesto Contra todas las guerras del pasado 18 de enero. Parte 1. – FediverseTV

Videos de la presentación del manifiesto Contra todas las guerras del pasado 18 de enero. Parte 2. – FediverseTV

Videos de la presentación del manifiesto Contra todas las guerras del pasado 18 de enero. Parte 3. – FediverseTV

EL PESIMISMO NOS HACE MÁS FUERTES (Y MEJORES)

Quien asegura que corren tiempos terribles y aciagos es porque quizás no se ha parado a pensar en el desarrollo histórico humano, repleto de infortunios de todo tipo, como plagas, epidemias, guerras y catástrofes naturales. Precisamente, todo libro de autoayuda parte de la pretenciosa idea de que el mundo –y uno mismo– puede (y debe) mejorar. Nos vemos avasallados por toda una literatura que intenta hacer del mundo un lugar más agradable cuando, a la vista de la realidad, todo parece sugerirnos lo contrario: no existe posibilidad de progreso.

Ya lo dijeron los antiguos latinos, y Schopenhauer lo ratificó: eadem, sed aliter; todo es siempre igual, todo es siempre lo mismo, aunque se dé de diferente manera y cambien los protagonistas. En paralelo a la fiebre de la autoayuda y al auge de la psicología positiva, se desprecian con demasiada facilidad las bonanzas de un saludable pesimismo que, lejos de lo que suele mantenerse, no nos aboca a un escenario apocalíptico o a sostener una actitud de rendición (o más aún, un talante depresivo u oscuro). En realidad, un pesimismo correcta y cabalmente entendido ayuda a asentarnos en nuestra circunstancia. Lejos de esperar ingenuamente que las cosas mejoren por sí mismas, se sitúa críticamente ante el escenario humano para pensarlo y rebelarse contra las crueldades que contiene, por mucho que parezcan inevitables: la invitación de cierto pesimismo, el que aquí nos interesa, es la de aspirar a conquistar un mundo más habitable, consciente siempre de sus limitaciones, adversidades y dolores internos. SEGUIR LEYENDO.

ethic

El espíritu anárquico

El espíritu anárquico es esencialmente contrario al fanatismo. Ansiosa de libertad, no puede faltar dogmas, ni disciplinas, ni mandamientos humanos o divinos y, mucho menos, inquisiciones, santos oficios, índices y actos de fe. Predicando el trabajo libre, el pensamiento libre, el amor libre, la acción libre, no acepta ninguna limitación a las facultades intelectuales o emocionales, ni reconoce calibres, bastidores, pautas, la exteriorización de ideas o sentimientos. Sólo el individuo tiene derecho a dirigir su razonamiento, regular su lenguaje, confrontar su estilo, moderar su juicio, orientar su acción. El anarquismo combate a toda costa el despotismo de cualquier tipo, el doerismo de todas las castas, todo lo que se asemeje al mando, al liderazgo, al yugo, al servilismo, al dominio físico, psíquico o moral. Así, repele el régimen carcelario del capitalismo, condena las fábricas de médicos, curas, soldados, hombres fundidos en un solo molde, maniquíes tallados en un solo modelo, manipanços cuyo relleno es la misma paja seca. Sólo el individuo conoce sus caminos. Imponer la marcha hacia el este a quienes se inclinan hacia el norte es robarles su destino, su vida, su personalidad. Los anarquistas aplicamos con rigor estos principios en la lucha por la emancipación de los hombres. Y al decir «de los hombres», hiero un punto esencial del anarquismo. El anarquismo no sólo pretende emancipar a los trabajadores, pretende emancipar a los hombres. Su problema es mucho más amplio que el de los políticos o socialistas de cualquier tipo.

Por encima de la mera emancipación económica está ciertamente la emancipación moral y mental. Más allá del trabajo libre está el pensamiento libre y la acción libre. Liberar a los hombres del jefe es mucho, pero no lo es todo. Hay que sacarlos de la tutela de guías políticos o religiosos; y la tiranía de la “moral”, creación de los opresores para fanatizar a los esclavos. Así, no entendemos un revolucionario cuya acción se deriva de la servidumbre. ¿Cómo instituir un régimen libre si no nos deshacemos de las trabas tradicionales? ¿Cómo pretender una vida libre, si vivimos imponiendo reglas y escuchando órdenes? ¿Cómo puede el hombre querer “mantenerse solo”, acostumbrándonos a nosotros ya otros a disciplinas vejatorias, censuras obsoletas y castigos degradantes? Mal convencidos de esta concepción de la libertad, varios anarquistas lamentan las divergencias en la acción entre los anarquistas. Peor aún, a menudo se leen acusaciones de anarquistas-individualistas a anarquistas-comunistas, de anarcosindicalistas a extrasindicalistas, etc., etc. Todos estos ataques y lamentos revelan la milenaria tendencia sectaria arraigada en los hombres. Por más que estudiemos, aprendamos, eduquemos el espíritu, la presión tradicional es tan fuerte, el ambiente, todo dogmático, registra, enjaula, es tan rígido, que difícilmente podemos alejarnos de estos determinantes poderosos. Personalmente, por el contrario, veo en estas diversas tendencias anárquicas el mejor signo de vida anarquista. Todos los hombres no pueden ver las cosas de la misma manera, ni resolver los problemas por el mismo proceso. La transformación social es un problema con múltiples soluciones. Los anarquistas presentamos la nuestra. Sin embargo, no lo presentamos de la misma manera. La belleza de nuestra concepción y la superioridad de nuestro método están positivamente en esta multiplicidad de medios, que conducen todos al mismo fin. Por lo tanto, que cada tendencia sea libre en la ejecución de su forma de entender la solución final. Todas las aguas afluentes fluirán a la misma boca. El verdadero anarquista, pienso, el que se ha liberado por completo de los prejuicios sectarios, colabora en todos los grupos, actúa en cualquier tendencia. Además, coopera con los no anarquistas dondequiera que su acción incremente la oposición revolucionaria.

Así, es anticlerical con los anticlericales; es democrático en la defensa de los principios liberales frente a los reaccionarios; está con los bolcheviques, cada vez que reclaman derechos, refuerza el ala antimilitarista, aunque los antimilitaristas sean burgueses; colabora con la escuela racionalista moderna, aunque sólo reformista; anima a los teósofos en la propaganda fraternista, a los vegetarianos en la extirpación de los vicios, al propio Estado Liberal en su lucha contra el imperialismo vaticanista. No hacerlo sería limitarse al sectarismo y negar, de hecho, la doctrina anarquista, que es esencialmente antisectaria.

José Oiticica; Ação Direta. Rio, 10.01.1929

Crónica apartidista

Hoy […] de enero se llevó a cabo frente a la Embajada del Perú en Madrid un plantón convocado por “X…X…”, bajo la siguiente consigna: «…en apoyo a las movilizaciones por la vida, la dignidad y la democracia nos concentramos delante de la Embajada del Perú en Madrid», ciertamente un llamado al cual no podía ser indiferente y cuyos lineamientos (al menos sobre el papel) eran los mismos que comparto. Por lo demás, en la descripción del colectivo en su instagram, no decía nada más que: «Colectivo … apartidista que realiza eventos a favor de la memoria histórica y política del Perú: antifujimorista, antirracista, feminista» estás pautas me hicieron confiar que la manifestación estaría “libre” de, obviamente, partidos politicos y que era sobretodo una concentración de peruanos/ individualidades que no podíamos estar indiferentes ante la brutal represión de Boluarte, la cual hasta el día de la convocatoria  había acarreado ya 50 muertos injuriando a los manifestantes al decirles terrucos y avivando con ello viejos, pero presentes, pensamientos racistas y de clase: «brutos, indígenas, bolivianos, etc.».

   Éramos (o se suponía que ibamos a ser) extranjeros preocupados por la situación nacional que, además, condenábamos no sólo al gobierno de turno, sino también a un congreso infame que se deslegitima a diario y cuyos “muertos no los iban a chantajear”[1]. Así como también estamos reprochando el accionar de las fuerzas policiales y armadas que habían implantado el terror en buena parte del país disparando en la cabeza de adolescentes.

   Más temprano que tarde, uno de los hombres que estaban allí comenzó una pequeña, pero acalorada discusión, con uno de los 5 ó más policías que nos rodeaban intentando evitar que nos acercáramos al edificio en donde funciona la Embajada de Perú. Fue un cara a cara que me pareció desproporcionado por parte de este individuo de aparente nacionalidad española que en todo momento levantaba su DNI haciendo ver al policía que lo cuestionaba que él sí era español frente al resto de manifestantes (claramente racializados): un ademán/mensaje bastante simbólico pues había no solo paternalismo en ello, sino también una pizca de sentido de superioridad: “Yo, como verás, no soy igual al resto. Tengo derechos”. Por un momento pensé que tal reacción había sido producto de un acto hostil del uniformado, pero pronto descubrí que no, que más parecía un incendiar la pradera solo por que sí, solo para dejar entrar el caos.

   Acabado este impasse, comenzaron las arengas en voces unidas y abrazadas que pedíamos el alto al fuego en Perú, así como la renuncia de la presidenta Dina Boluarte. Mientras las voces aún seguían el unísono del llamado, una lejana y con oscuro mensaje se dejó oír: “¡Viva el presidente Castillo! ¡Libertad! ¡Fuera el congreso golpista!”. En ese solo momento no pude más que sentir el mayor de los rechazos a quien fuera dueño de esa voz que nos desautorizaba a todos y todas, que revolcaba en el vómito el espíritu de una concentración que, hasta este momento, pensé estaba limpia de pensamientos extremos… pero no fue así.

   No pude quedarme callado ante una situación que, también, era un atropello verbal no solo para los que habíamos acudido por ética y en solidaridad, sino también para los muertos del Sur. Hoy no me tragaría mi saliva ni mandaría callar mi razón, pensé.

   Algunas personas intentaban continuar con lo programado, una suerte de ritual que encaminara a los fallecidos al más allá indígena y que, a su vez, condugera con bien a los que se estaban manifestando en Lima. Siendo esta otra forma de pronunciarse, de luchyr y protestar, y tan válida como cualquier otra.

   Engrosé mi voz y apunté al perpetrador que defendía a Pedro Castillo, una defensa que rápidamente fue secundada por una minoría de gritos femeninos y varoniles cercanos a él mientras que otras miradas parecían no saber qué ocurría, siendo el silencio su mejor y única reacción. Otras voces, tal vez las de las organizadoras, pedían compostura.

   —Compañero. —volvía repetir yo— Estamos aquí por el repudio al gobierno y la condena rotunda a las muertes… y no para defender a Pedro Castillo[2]— y sin poder continuar, se sumaron otros gritos que hundieron mis palabras entre sus vociferaciones. Intenté continuar pero la respuesta siempre era la misma, absurda y nefasta: :¡Viva el presidente Castillo! ¡Restitución!”.

Castillo fue un provinciano que desde el minuto cero tuvo que hacer frente al más putrefacto racismo institucional y una encarnizada persecución por parte de la prensa. Sin duda, en un momento fugaz, él representó aires de renovación para muchos peruanos, era la imagen del héroe del pueblo, un héroe que se iría corroyendo con el pasar de los meses. 

   En aquel momento me sentí traicionado y no menos asqueado de estar junto a un pequeño grupo de personas (no todas las que estaban en el plantón) que formaban parte de algo que obviamente no defendería. Me quedé pensando que era un caso aislado, una pizca de desubicados, ya que rápidamente en mi auxilio acudieron otras voces que, no siendo amigas, pedían el silencio para seguir con la programación mientras que la policía, percatados de este jaleo, se acercaba para ver qué ocurría entre los manifestantes. Otros, muchos más, solo observaban con banderas bicolor y letreros en mano, con la única afiliación de no ser indiferentes. Parecían estar lejos y a salvo de militancias y partidos come cocos.

   Seguí firme y en medio de estos. Seguí por respeto a los fallecidos y porque estaba seguro que no todos estaban bajo este lineamiento. Y así fue. Estoy convencido que muchos  vinieron sin saber que, algo que se decía apartidista, se iba pronunciar luego en favor de Castillo, al menos por quienes ejercían de voceros que tomaron desde ese momento parte por un ex-presidente (intento tarambana de dictador fallido) y con ello de sus activos y pasivos, así como de su tan cuestionado partido político.

   Mientras que la noche invernal arremetía sobre los rostros oscuros de todos nosotros, peruanos de aquí y de allá, y que, ante el reducido espacio dejado por un coche, nos asardinábamos para hacernos notar a sabiendas de que notarnos en un barrio de pijos no sería difícil, lo difícil sería hacernos oír, hacer que nos tomen en serio, en serio dentro de una sociedad cuyo mayor signo de racismo es “apanchar” a los americanos que hablan su mismo idioma. Nuestra presencia de cara al público nos hacía ver más como bultos enfardados que como personas. Pero allí seguíamos de pie, sin ceder a los prejuicios de quienes pasaban o a la indiferencia de nuestras autoridades nacionales asentadas en España.

   Y mientras aguantaba el frío y la garúa, como todos, podía notar que las miradas de estos con los que había tenido la movida, no dejaban de mirarme, no dejaban de verme como un posible enemigo, un confundido o un infiltrado entre ellos.

   Luego se leyó una carta con fecha del 4 de enero de 2023, carta que iba siendo golpeada no por balas, sino por gotas frías de lluvia que corrían la tinta y agujereaban el folio. En una de sus líneas se decía que «había habido un golpe de estado tácito perpetrado por Dina Boluarte…», algo que claramente no era verdad ya que, el día 7 de diciembre del 2022, Castillo había intentado esgrimir con la mayor de las penas su peor faceta dando un golpe de Estado a nivel nacional  retransmitido  por el canal público de televisión. Aquel día expectoró su mensaje con una voz flaca y entre ligeros balbuceos que delataban su vacilación, mal sosteniendo unos papeles que se agitaban entre sus manos cada vez más temblorosas. Documento que al ser leído selló de manera irrevocable no su “triunfo” sino su auto-derrota. (lo que el incompetente y corrupto Congreso no había podido conseguir en dos oportunidades) y a pocas horas de que los congresistas se reunieran para —si conseguían los votos necesarios— vacarlo de su cargo y funciones; intentona que ya habían practicado en diciembre de 2021 y marzo del 2022, sin mayor éxito. Sin embargo, ahora las acusaciones para llevar a cabo una tercera moción parecían ser más sólidas y las pruebas ser más consistentes. Todo apuntaba a que Castillo había cometido tráfico de influencias, colusión y que, además, formaba parte de una organización criminal. Castillo Terrones parece haber cometido el error de oír sus temores y no afrontar los cargos que se le imputaban con las herramientas legales que tenía a la mano. Aunque, quizá, ninguna le hubiera servido a estas alturas del partido. El corrupto congreso únicamente se aprovechó de las circunstancias y enarboló una victoria que nunca fue suya.

   Luego, tomó la palabra una coordinadora internacional tras la lectura previa de una carta que había sido firmada por un puñado de colectivos para hacérsela llegar al desacreditado embajador. Todo iba bien, todo parecía quedar olvidado, habíamos vuelto a unir nuestras voces en favor de nuestros muertos; pero, pronto, mientras se proseguía, volvió a aparecer el nombre de aquel ex-presidente ante cuyos actos, y con micrófono en mano, se pedía libertad. No pude soportarlo más. Esta vez agaché la cabeza, miré a mis pies y me abrí paso entre esta pequeña multitud de 100 ó 120 compatriotas. A los pocos pasos solté una pancarta que a poco levantaba con honor y dignidad, en la cual se leía: «Callar es complicidad»

   Pensé que si decidí no guardar silencio frente a la masacre militar/policial avalada por la tiranía de Boluarte, ahora menos, con un texto en mano que me recordaba mis principios. Decidí hacer lo mismo frente a todos. Me fui como vine, solo, pero con la decepción a cuestas en vez de ilusión.

Me aparté, sintiendo sus miradas en mí, mientras se colaba el agua de un charco mal pisado por mis zapatillas.

Llegué a casa reconociendo la buena intención de los organizadores, pero lamentándome a la vez por la innecesaria defensa y reivindicación de alguien cuya acción política era también responsable de lo que vive el país. Y con él, los grupos de derecha que han alimentado la sensación de desgobierno a lo largo y ancho del territorio por casi un quinquenio siendo sobretodo el partido encabezado por la investigada Keiko Fujimori, uno de los mayores enemigos del Estado de Derecho, un grupo considerado, además, como un organización criminal. Por lo demás seguiremos en la lucha contra el terrorismo de Estado instaurado por Boluarte que es respaldado por una caspa congresal.

Carabanchel, 19 de enero de 2023

Nota:

Por respeto al colectivo, así como a los que tomaron la palabra, sus nombres permanecen en anonimato. Así como porque quien escribe cree que fue un error en el que cualquiera pudiera incurrir. Es importante dar a entender que no todos estamos en los extremos que tanto daño hacen y que muchas veces se juntan. Ni que los que pedimos que se vaya Boluarte, queremos el retorno de Castillo.


[1] La ex Presidenta del Congreso, Maricarmen Alva, en una entrevista a RPP afirmó con la peor de las insensibilidades  que 22 muertos le parecían un chantaje, uno al cual no estaba dispuesta a ceder. Y que ellos, los muertos, debían ser responsables. Achacaba la culpa de estas muertes al detenido Pedro Castillo.

[2] Presidente que había dado el cargo de Premier a Guido Bellido, congresista cuestionado por haber hecho apología al movimiento subversivo de Sendero Luminoso, al decir: “Nuestro mejor homenaje a ti Edith Lagos”, mujer que formó parte de las acciones más sanguinarias vividas en la país en el último siglo. Ella murió a los 19 años en un tiroteo con la policía en 1982. Fueron años de una cruenta guerra interna en donde los terroristas (terrucos) y el ejército nacional desangraron, sobre todo, a los pueblos del sur andino, dejando un saldo de casi 70 mil cadáveres entre 1980 – 2000.

Contra todas las guerras: Carlos Taibo

En los últimos meses estamos asistiendo en el este de Europa a una confrontación entre dos polos imperialistas en pugna por posiciones y recursos. La guerra en Ucrania:

Se ha cobrado decenas de miles de vidas humanas desde febrero, produciendo muerte, destrucción y éxodo a su paso. Refugiados, exiliados, movilizaciones forzosas, desertores.

La enorme movilización militar está acelerando los graves problemas derivados de la crisis energética y ecosocial a la que nos ha llevado el capitalismo, lo que repercute en subidas de precios de productos básicos que afectan (y afectarán más) a amplias capas de la población.

En el Estado Español, un Gobierno supuestamente de izquierdas viene desarrollando una política claramente militarista, siguiendo totalmente la línea de la OTAN, encabezada por EEUU. Decisiones peligrosas que no responden a otra cosa que a mantener los privilegios de su oligarquía. El Gobierno de España y la UE están poniendo en riesgo nuestra vida para ello, por las razones ya mencionadas y por una posible extensión del conflicto. El llamado “Mecanismo Europeo para la Paz”, no es más que un eufemismo para tapar la guerra. A los ojos de la sociedad civil, la rivalidad de ambos bandos se traduce en un ejercicio de avaricia llevada al extremo en que los perdedores seguros están en ambos bandos: muertos, mutilados, expoliados, vejados y empobrecidos. Guerra es opuesto a Dignidad.

Por otro lado, no nos podemos ver reflejados en la defensa al Estado ruso, ultraconservador y militarista que no respeta los derechos individuales y colectivos, que criminaliza la protesta y encarcela la disidencia. Aliado del Estado totalitario Chino.

Es necesario presionar en la calle y en los centros de trabajo y estudio con el objeto de eliminar el gasto militar y parar la guerra en Ucrania y otras regiones del planeta.

Ante la situación actual vemos urgente generar una coordinación a nivel estatal para:

– Promover movilizaciones coordinadas para visibilizar una crítica antimilitarista y antiimperialista del conflicto.

– Señalar a los responsables y extender la desobediencia y la confrontación frente a la movilización bélica de todos los estados.

– Boicotear a las empresas que se benefician de la guerra y oponernos activamente a cualquier envío de armas o mercenarios.

Salud.

El Ateneo Libertario de Carabanchel-Latina ante los acontecimientos en Perú

El Ateneo Libertario de Carabanchel-Latina, en vista de los hechos ocurridos en Perú tras la toma de mando de la actual Presidenta Dina Boluarte, rechaza categóricamente el desmedido uso de la fuerza efectuado en contra de ciudadanos inocentes al sur del país. El uso de armas de fuego  tanto de la policía como del ejército ha causado la trágica muerte de más de 40 peruanos, muchas de ellas jóvenes y adolescentes inocentes, como el caso, por ejemplo, de Elmer Zolano (de 16 años) al que un proyectil le atravesó la cabeza.

El gobierno de Boluarte no ha hecho más que llevar el terror hasta los hogares de estos habitante, a quienes, además, se les ha acusado de terrucos*.

La presidenta, el congreso actual y las fuerzas represivas/armadas han avalado y generado actos de violencia no vistos desde la guerra interna contra Sendero Luminoso.

No solamente es una represión asesina, sino que esconde, o mejor dicho revela, viejos odios y racismo étnicos y de clase; avivando falsos miedos psicosociales para que parte de la población radicada en la costa se desentienda de estas manifestaciones, al llamarlas «terroristas», cuando los únicos muertos han sido civiles inocentes y las únicas armas de fuego han sido disparadas por el ejército y la policía nacional.

Desde el Ateneo Libertario Carabanchel-Latina rechazamos la inercia de los políticos peruanos quienes sienten, quizá, una indiferencia, alimentada por prejuicios étnicos, frente a las muertes del sur, y las justifica y/o invisibiliza, apelando al mediocre argumento de: son terrucos, son indígenas brutos, comunistas, bolivianos, etc.

El Ateneo, desde una perspectiva libertaria, exige el cese de la violencia que no tiene más excusa que impedir la emancipación de las clases oprimidas.

*Terruco = terrorista ligado a sendero luminoso o el MR,TA