¿POR QUÉ NO NOS PRESENTAMOS?

Siguiendo con el tema de «¿Para qué se presentan si saben que perderán?» (1) me comenta un colega que mucho peor sería que no hubiese una representación de la izquierda en el Parlamento, ya que si no, entonces sí que se pondrían feas las cosas. Y lo segundo que manifiesta, es que nosotros los anarquistas, sí que no hacemos nada al nos presentarnos a elecciones, para tener la responsabilidad de gobernar.

Respecto a lo primero es muy simple: no podemos saber qué pasaría con un boicot total al Parlamento, ya que nunca se ha producido porque quienes aspiran a la conquista del Poder, no pueden dejar de intentarlo. Son adictos a mandar, tal vez por carencias psicológicas, afectivas y sexuales.  Así que es imposible saber cuánto de peor o de mejor «se pondrían las cosas». Lo que sí está muy claro es lo siguiente: primero que las cosas están muy feas a pesar de parlamentos progresistas: pobreza, crisis financiera, política, económica, sanitaria, social, ecológica, climática, energética…; y segundo, que aunque nos hayan dado palos a mansalva estos dos siglos, los anarquistas deseamos ahora y siempre, que la gente en general, decida sobre los temas que les atañen. Esto es algo que todos los políticos predican, pero que ninguno lleva a cabo. Nosotros valoramos no que el Gobierno esté en manos de una oligarquía, ya que todo Gobierno es oligárquico. Propugnamos que la gente lleve a cabo el cambio y decida. Esa es nuestra musa, esa es nuestra inspiración.

Por eso participamos decididamente a través de los movimientos sociales, ¡claro que sí!: el movimiento obrero, el feminista, el de derechos civiles o el pacifista, por ejemplo, se han nutrido de la presencia libertaria. Y no solo eso, si no que esos movimientos masivos, en buena parte de ocasiones han tomado como modelo práctico el libertario: decisiones de la base, y ausencia de jerarquías en la medida de lo que ha sido posible, antes del asalto de trepas y grupos políticos organizados.

A ver, por ejemplo: el aborto. Mucho antes de que fuese legalizado, las mujeres lo habían legalizado y normalizado por la vía de los hechos. En España se contabilizaban cientos de miles, millones de abortos clandestinos en condiciones precarias para las pobres que no podían pagarse un viaje a una clínica extranjera. Las mujeres dejaron sus cuerpos, su dolor y su sangre en el camino. Detenciones, procesos, condenas, estigmas, sufrimientos psicológicos… Una lucha tremenda, formidable… Que incendió al movimiento feminista, y que la lió parda en numerosas protestas.

El resultado fue que el Estado acabó legislando el derecho al aborto en toda Europa occidental: Italia, Francia, Reino Unido… y finalmente España. Hasta la derecha cristiana del PP es incapaz de tocar esa cuestión, porque sabe la que se le viene encima si lo plantea. 

Yendo más allá, en el entorno del aborto libre y gratuito, las feministas están aportando montones de ideas en torno a la cuestión sexual: ponen al descubierto la función del patriarcado en el hecho de que existan miles de embarazos no deseados y denuncian la procreación  coactiva basada en la cultura patriarcal, por ejemplo. O exaltan la sexualidad libre con desvinculación del placer del deseo genésico. Toda esa visión del sexo va avanzando, y beneficia a todo el mundo. Hasta a los reaccionarios, por supuesto.

¿Pueden los parlamentos arrogarse el cambio legislativo? ¿O ha sido más bien debido a una acción acéfala, en la que mil factores y fuerzas forzaron a los parlamentos a legislar a pesar de la oposición mostrada por esa banda de carcamales?

Tú verás.

Nosotros y nosotras, anarquistas, no pretendemos afirmar que las conquistas obreras, feministas, sociales o de cualquier tipo, se deben a nuestra acción. Lo que afirmamos es que gracias a la acción de sindicatos de mujeres, de trabajadores, de afectados, es como se consiguen los avances sociales. Y que siendo nuestra divisa la acción popular y la decisión desde la base, la idea libertaria triunfa y avanza, y estamos en el lío, ahí va.

Mientras que los parlamentos y gobiernos progresistas frenan la protesta y van a nuestro rebufo, los y las anarquistas, estamos en esa pelea. Y por eso, sin jactancia, podemos afirmar que si algo puede mejorar nuestras vidas y acabar con estas pendejadas y locuras que nos oprimen, que si algo va a dar la nota en este siglo, que si algo va a vencer, es el anarquismo. La acción a pesar de la coacción. El orden sin mando ni obediencia. El tener ganas, entusiasmo, coraje, para enfrentarse a las normas, propaganda, represiones y leyes de los Gobiernos es lo que traerá la libertad y el bienestar para todos. Porque donde hay un Gobierno, que lo sepas, el pueblo será gobernado. Y por eso, nosotros y nosotras…, no nos presentamos.

Acratosaurio rex

(1) https://www.alasbarricadas.org/noticias/node/47679

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LA FAGC Y SUS 10 AÑOS DE AGRICULTURA

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La Federación Anarquista de Gran Canaria ha cumplido diez años, y quisiera mediante estas líneas dedicar mi modesto homenaje a una singladura llena de sobresaltos. Observé su nacimiento con curiosidad en los albores del 11-M, y la verdad, al principio pensé que no iban a durar ni dos telediarios, porque se dedicaban mayormente a decir lo mal que hacían los demás las cosas. Y eso no conduce a ninguna parte, porque… ¿Acaso no es evidente que las cosas están mal? Ese tipo de protesta tiene su recorrido, y suele acabar en la disolución.

Por eso me llenó de alegría ver cómo progresivamente tomaban la iniciativa, la tribuna, mostraban la cara, salían en la prensa… Tenían energía, dinamismo, fuerza. Y se estaban enfrentando a desafíos reales: cuestiones de pobreza, de vivienda, de precariedad, de marginación…

Y ello se hizo cuando los y las anarquistas respondieron a la siguiente pregunta: ¿cuáles son los principales problemas de nuestro entorno? ¿Los partidos políticos? ¿El reformismo que envenena el anarquismo? ¿El dogmatismo anarquista? ¿El posmodernismo? ¿La trampa de la diversidad? ¿Los desahucios, la precariedad, el hambre, la persecución inmigrantes…? ¿No está claro acaso, cuáles son los problemas de verdad? 

En el momento que los descubres y te implicas, puedes hacer del anarquismo una herramienta útil, hermosa y eficaz. Cuando ves a una persona real, concreta, a la que puedes dar una respuesta, es cuando aprendes a hablar. Porque los problemas son recurrentes, repetitivos, y a medida que los vas entendiendo y te implicas, van surgiendo las soluciones: soluciones para miles de personas, en su mayor parte mujeres y niños, migrantes, familias arruinadas, prostitutas, gente duramente golpeada por el COVID… Y se ha hecho por meros voluntarios, cuatro mataos que no saben pronunciar correctamente –gracias a dios– la palabra anarcosindicalismo, ninguno de ellos a sueldo, que se han llevado la sorpresa de generar victorias, ejemplo y simpatía.

Yo quería destacar un aspecto que ha quedado un tanto a un lado cuando se habla de estas cosas: el de los huertos y terrenos en los que las comunidades cultivan sus propios alimentos. Al principio, hacia 2013 me temí una catástrofe cuando empezaron a emplear el método de Fukuoka, que es una cosa jipi que dice que se puede cultivar haciendo bolitas de arcilla y metiendo en ellas arroz. Yo me tiraba de los pelos, porque no hay disparate que por grande sea, no tenga razonamiento que lo sustente… Vuelvo a declarar en este inciso, que odio con todas mis fuerzas cualquier cosa que se ponga el apellido de «alternativo», y que diga que se puede curar tal cosa comiendo ajo crudo, o que con bolas de arcilla y un grano de arroz se pueden sacar miles de toneladas de pienso. Y menos mal, creo que cuando se vieron con barro hasta los sobacos, que tuvieron que sacar a uno de ellos a rastras de un pozo de lodo, los anarquistas replantearon el tema con métodos más convencionales a base de azadón, anacafre, zacho… Y el resultado es el siguiente.

Así a ojo, tras visitar los lugares desperdigados por la isla y haciendo un recuento a la baja, las diversas comunidades cultivan en la actualidad una superficie de más de tres hectáreas. Vale. Imaginaos cuatro campos de fútbol de primera división, con terrenos abandonados a pie de costa, fértiles, con agua. Da gusto ver bancales con maderas, barreños y bañeras recicladas. Tienen un horno de pan, y cultivan hasta un 50% de las frutas, hortalizas y verduras que consumen. No son huertos urbanos de recreo. Son verdaderos cultivos de autosuficiencia en los que trabajan agricultores que conocen el oficio, porque no en vano muchos vienen de países en los que esa actividad es la base de la economía. También disponen de unas setenta (o más en varios hatos) cabras y ovejas, leche, pastores, un número indeterminado de aves… Y también llevan un santuario de rescate para animales en plan vegano, donde hay hasta un caballo que salvaron de no sé dónde y del que se aprovechan los cagajones. Todo muy bello. Y por ser bello, atrae a buenas personas a echar una mano. Porque la belleza siempre se quiere hacer que perdure.

Y eso lo han organizado personas de diversas etnias, religiones, géneros, maneras de pensar, a quienes han unido la adversidad y el anarquismo. Es un tipo de anarquismo, el de quienes no son anarquistas, que siempre me incita a seguir animándonos, porque estas personas enclaustradas en una isla de la que se dice no puede sobrevivir sin el turismo, se están encargando de mostrar que se puede llevar una vida como mínimo diferente de la que se nos predica a todas horas. Y tener una alternativa, poder ver otras posibilidades, es fundamental para poder sacudirnos las pulgas.

Por eso mi consejo es siempre, desde hace décadas, el siguiente: anarquista del libro, no muestres lo mal que lo hacen los demás; demuestra lo bien que lo haces tú. Muestra lo buenos que somos todos y todas. Lo que es de uno es de todos, lo que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.

Acratosaurio rex / ACRACIA

EL VOTO EN LOS ANARQUISTAS

Animado por uno de los lectores, me decido a hablar un poco de los conflictos en el mundillo anarquista, y recordad esto: son y serán eternos. Desde que colectivistas, individualistas, mutualistas y comunistas libertarios se tiraron de los pelos en el siglo XIX, una larguísima sucesión de desencuentros ha producido una serie de portentosos enfrentamientos entre libertarios, que no he conocido tiempos pacíficos, nunca. Y cuando ha habido una pausa, es porque algo gordo estaba por venir. Y conste en acta, que el libertario más rojinegro del planeta, entrado en crisis de paranoia y éxtasis orgánico, cuando llega la hora de investigar, interrogar, y expulsar, es que no se anda con contemplaciones, y se salta los principios más sagrados, eso sí, por el bien de las ideas. Y entonces legalizan, contratan abogados, levantan escrituras, solicitan al Estado el CIF, echan el candao a la bicicleta, y se quean tan panchos. Es lo que podríamos llamar, la anarkisición libertaria, siempre llena de pragmatismo.

Pongamos, por ejemplo, uno de los puntos de fricción en el mundo anarquista: el del voto. Resulta que los anarquistas pretenden conseguir a través del diálogo –dicen–, siempre, el consenso. El mejor acuerdo que parta de la voluntad común, sin mayorías ni minorías. El voto –dicen– solo sirve para que la minoría sea oprimida por la mayoría. Aunque dicho sea de paso, yo siempre he dicho que a través del voto la minoría se impone a la mayoría. Pero en fin, a lo que voy. 

Lo paradójico es que cuando no hay consenso, y se pasan las horas discutiendo en una reunión hasta las tantas, y resulta que los beligerantes no se deciden a abandonar el ring (yo a los cinco minutos de disputas es que me voy huyendo al bar), o bien los supervivientes deciden votar (al 90% de la peña la expulsan previamente por agotamiento, por tener que cuidar a la abuela, por levantarse a las seis pa currá…), o dejar todo como está. 

Dejar las cosas como están, es hacer… Nada. Y todos y todas sabemos que el militante es un ente activo que quiere hacer siempre algo aunque sea un disparate. Y sucede entonces, que hay que votar.

Bueno, pues yo he visto mil veces a los y las anarquistas del consenso, el diálogo sereno y todo eso, que se llevan hasta al primo con gripe y tiritando de fiebre pa que vote. Los del consenso levantan la mano pa votar, y cuentan hasta el último de los votos. Y no he visto nunca una votación en la que quienes ganan, hagan algo de lo que proponen los que pierden. 

Para mí es un gran misterio (nunca explicado) que se diga que el voto no es importante, que lo importante es la acción, y luego se exija poder votar lo que sea, sobre todo si con esos votos el anarquista arrima el ascua a su sardina mientras se toca los genitales.

¿Cuál es la solución de este enredo? Sencilla y simple: si eres partidario del consenso, no te apuntes a una organización que en sus estatutos explica que sus acuerdos se toman por mayorías y sistemas de votación. Porque ahí se va a votar, y donde se vota, hay una gente que gana la votación, y otra que pierde. Y si pierdes ya puedes romperte la camiseta, echar espumarajos y hablar lo que quieras de consenso, porque fue antes, y no ahora, cuando debió de conseguirse. Eso, sí que es de anarquismo básico. 

Acratosuario rex / ACRACIA

CÁRCELES DENTRO DE LAS CÁRCELES, Y DAR HOSTIAS CON LA MANO TONTA

En este país es imposible beberse un litro de cubalibre tranquilo, sin que algún alcohólico en la mesa de al lado hable a grito pelado, manifestando claramente que él está allí, que existe, que lo que dice es importante, y que tiene sensación de impunidad. Esta mañana el discurso de un pelagatos de esos, iba de que está harto de confinamiento, que es una cabronada que el Gobierno nos limite de este modo, que no poder salir, ni reunirse, ni pasarlo en el bar hasta las tantas le está afectando sicológicamente (¡JA!). Y no me pude resistir. Porque este mismo tipo es de los que va diciendo que las cárceles españolas son hoteles de lujo en donde los presos tienen bibliotecas, piscinas, gimnasios, terapeutas y siquiatras a su disposición las 24 horas del día. Inicié el diálogo diciéndole «tú lo que eres es imbécil y un cretino pedazo de cabrón de mierda» y se puso como loco siendo imposible llevar a cabo un intercambio sereno de opiniones. Eso es lo que pasa con los fanáticos, que es imposible hablar con ellos, y que te lanzan escupitajos víricos.

A lo que voy, es que hace unos meses me indicaron que echara un vistazo a un video en el que un tal Évole, al parecer un periodista, entrevistaba a un arrepentido de la E T A (un pequeño grupo de exaltados nacionalistas). El ex-preso explicaba cómo le reclutaron, cómo le entrenaron (es un decir), las órdenes que recibe, cómo las lleva a cabo, cómo le detienen, torturan, etc. Luego explica cómo va cambiando al reflexionar sobre su vida y cómo abandona a la E T A apenas pasados 5 años. Entonces va el Évole y le pregunta –más o menos– que «cómo pudo cambiar tanto en tan solo cinco años»… Y llegado a ese punto paré el ordenador porque me entró la risa floja. Cuando me serené le di voz al antiguo abertzale, y contestó lo que sabe cualquier preso que se pase un mes en el maco: «Jordi, es que en la cárcel, cinco años…, son muchos años».

La cárcel es un sitio horrible, donde estás encerrado, no hay bares, la vida está supercontrolada, te vigilan continuamente y estás rodeado de locos (los funcionarios), que piensan que llevan a cabo una misión necesaria. Y ahora, además de los grados penitenciarios, con el rollo del confinamiento, los presos tienen la cárcel de la cárcel dentro de la cárcel. Es una puñetera locura, y de ello dan fe presos ilustres como Urdangarín, Zaplana, o los del rollo de la independencia catalana, que cuentan lo muy cuesta arriba que se les hace estar en cárceles de lujo, lejos de sus familias y seres queridos (no, no son las mismas cosas). Dicen que se sienten inútiles, paranoicos, como si les siguiesen a todas partes, y que es algo inhumano lo que están haciendo con ellos, ya que son básicamente –piensan ellos– buenas personas. Je.

La cuestión es esa: la inmensa mayoría de los presos y presas, salvo quienes se suicidan o mueren de enfermedades variadas allí dentro, resisten ese confinamiento rotundo. Eso quiere decir que la población va a aguantar esto del virus…, lo que les echen. Porque para quienes piensen que hemos perdido la libertad, que sepan que están muy equivocados. Nunca tuvimos libertad de movimientos ni de reunión, porque filosóficamente hablando, el Estado de Alarma muestra que sólo nos podemos mover, cuando el señorito da su permiso. El vil «mande usted amo» está en el orden del día. Por lo tanto para un futuro próximo, cuando pase la pandemia del modo que sea, plantearos cómo conquistar la libertad de movimientos, reunión, asociación…, no como una concesión del Poder, sino como algo implícito a cada cual, o como decía la canción de mi infancia… Os lo explico. Había que dejar la mano floja delante del incauto y moverla como si estuviese tonta, y decíamos… «La manita tonta, pasó por mi puerta, no me dijo ná, ¡pues toma una guantá!». Y le dabas una hostia a quien fuera. No sé a qué viene esto, pero guarda relación. Seguro. 

Acratosaurio rex

EL LIBRO ACRATOSAURIO QUE NO LE GUSTA A FACEBOOK

Desde hace unos años, el algoritmo del Facebook no deja leer textos enlazados desde el portal libertario www.alasbarricadas.org, por razones que no ha sido capaz de explicar ni a él mismo. Esto incluye los escritos del consultorio de nuestro polemista escamado Acratosaurio Rex, y eso que lo que es de uno de es de todos, lo que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.

Lo que en interné se pierde, las editoriales libertarias lo rescatan. Así ha hecho 17Delicias con ‘Los enemigos de mis enemigos son mis enemigos’, una antología de los escritos del acratobicho durante los últimos quince años, que puedes conservar en tu casa aunque llegue el día en que en feisbú sólo salgan curas. Como anticipo, publicamos aquí unos extractos del prólogo de Ruymán Rodríguez, de la FAGC, para este acratolibro.

«El Acratosaurio es una incógnita para muchos, y no es para menos ante tantas incertidumbres. ¿Quién es el Acratosaurio? O mejor dicho, ¿qué hay detrás del Acratosaurio? ¿Es un personaje concebido por un autor que huye del reconocimiento? ¿Es la ocurrencia de un colectivo libertario dadaísta? De ser un personaje real, ¿qué padres ponen a su hijo “Acratosaurio” condenándolo a una vida de vergüenza e ignominia? ¿Puede ser realmente el nombre de guerra de un Jorge Tapabastes maduro y en libertad vigilada? ¿Por qué cada vez que investigamos sobre la identidad del Acratosaurio nos tropezamos con el anarquista Fernando Ventura ofreciendo coartadas para borrar las huellas de su “amigo”? ¿Por qué si dices tres veces Acratosaurio al espejo suena un disco de Ramoncín y acto seguido se te prende fuego la casa? ¿De qué escuela anarquista es el Acratosario? ¿Cuándo empezó su obsesión con la traición? ¿Posee un alma inmortal? ¿Qué cenó anoche? A casi todas estas preguntas intentaremos responder a través de este prólogo.

… El Acratosaurio tuvo que nacer en esa época oscura en la que el anarquismo era minoritario y duramente reprimido (no, no nació en el siglo XXI a pesar de las semejanzas). Hablamos de las últimas décadas de la dictadura franquista (ídem). Se sospecha que proviene de la zona sureste de la península, pero su facilidad para explicar en catalán cuáles son los principales palos del flamenco han despertado serias dudas sobre ello. De familia humilde, conoció los rigores del trabajo desde muy joven: a los 10 años ya tenía 5 cotizados. Libertario prácticamente desde la cuna, recorrió toda la península intentado empaparse del residual movimiento anarquista de posguerra, cada vez más fortalecido por las nuevas generaciones setentayochistas.

Fue así cómo acabó recalando en el anarcosindicalismo. Un primer contacto fue cuando asistió a las míticas Jornadas Libertarias de Barcelona de Julio de 1977. Allí escuchó hablar a los históricos del exilio, de Federica Montseny a José Peirats, trató a Luis Andrés Edo y a Juan Gómez Casas, y acabó teniendo una pelea a navaja con Daniel Cohn-Bendit, al que derrotó valiéndose de una botella rota previamente untada con excrementos. Visto el recorrido posterior de Cohn-Bendit, se lo merecía.

Como premio por su victoria se le concedió el carné de la CNT (antes no bastaba con pagar la cuota y ya). El Acratosario se metió a fondo en el tema desde el principio. Estudió estatutos, convenios, esquelas de los periódicos, manuales sobre la utilización de naranjeros y con el tiempo se convirtió en un sindicalista de recursos, bregando en importantes conflictos laborales. Pero todo ese entusiasmo se desmoronó pronto: llegó el Caso Scala (1978), la escisión de los sindicatos que compondrían la futura CGT (1979) y el anarcosindicalismo pasó de convocar manifestaciones de 10.000 personas a, durante una larga temporada en el desierto, convocar asambleas de 2 (que casi nunca estaban de acuerdo).

Varias veces corrió el Acratosaurio peligro de ser desfederado. Evitar despidos denunciado a los empresarios, hacer piquetes de más de 10 personas, interpretar una nómina…, todo eso estaba muy mal visto en determinados círculos… Nunca se desvinculó del anarcosindicalismo (las malas lenguas dicen que aún conserva su carné original, tallado en piedra volcánica extraída del Monte del Destino), pero el anarcosindicalismo sí se desvinculó, en muchas ocasiones, del anarcosindicalismo. Acratosaurio se dedicó entonces a alternar acciones espectaculares (él fue quien saboteó la Expo de Sevilla de 1992 diseñando a “Curro”, la mascota imposible y con evidentes connotaciones eróticas, que representó el evento en todo el mundo) con el desarrollo de un importante corpus teórico.

… Con una dilatada militancia a sus espaldas, habiendo conseguido la proeza de consagrarse como autor anónimo, el Acratosaurio no terminaba de encontrar su sitio en la escena libertaria a comienzos del siglo XXI. Durante un tiempo se recluyó en una Quinta de Reposo para desentrañar los misterios de la vida y descubrir la mejor forma de tirar para adelante eso del anarquismo. Se metía en el aula de informática (que casualmente sólo funcionaba cuando estaba activa la de electroshocks) y ponía palabras en el Google, al azar, esperando una pista. Fue allí cuando dio con la clave al teclear: portal+foro+debate+entre+compañeros+a+las+barricadas+SGAE. El mundo de Alasbarricadas.org se abrió ante sus ojos. Encontró un lugar donde impartir su magisterio a una nueva generación y encima gratis.

… El Acratosaurio no tiene escuela. Le va lo del anarquismo sin más, sin adjetivo, y sabe ser anarcosindicalista ante el empresario y anarcoindividualista en la reunión de la comunidad de vecinos. Cree que el anarquismo debe de estar en el meollo, donde está la gente. Le gusta que haya anarquistas dando entrevistas en periódicos, que se comenten nuestras ideas en universidades, pero sobre todo le gusta que los anarquistas se quiten los complejos y lleven la anarquía a la calle, al jaleo, al tomate».

Para saber más de este libro, y reservar tu ejemplar en papel con precio reducido y gastos de envío incluidos, acude a la página web de la editorial 17 Delicias: https://17delicias.org/los-enemigos-de-mis-enemigos-son-mis-enemigos-de-acratosaurio-rex/

lustraciones de Marisol Caldito; prólogo de Ruymán Rodríguez.
Páginas: 288
Tamaño del libro:  15 x 21
Índice:
• ¿Existe gente tan lista que lo sabe todo, todo, todo?
• ¿Por qué la gente vota contra sus intereses?
• ¿Hay vida después de la muerte?
• ¿Por qué no triunfa el anarquismo?
• ¡Abajo los muros!

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EL TRABAJO EN LA PANDEMIA

A ver, cuando hace muchos años entré en contacto con el anarquismo, lo que me sedujo de su teoría, no fue el anhelo de libertad ni mucho menos. Yo sabía entonces que eso de ser libre, no era más que tener una cuerda un poco más larga atada al cuello. Ni la cuestión de participar en política y tomar decisiones, que es algo que en mi caso es bastante complejo, porque no sé lo que voy a hacer, hasta que lo hago. No digamos ya lo de la acción directa, que me resulta agotadora, y más y más a medida que más te metes en ella y adquieres habilidades portentosas… Hombre, está claro que si eres partidario de la acción directa, y en la primera semana te estrellas con la furgoneta de la megafonía y sale todo ardiendo en la caseta de feria pro-presos, no te llaman más ni para tomar cervezas. Porque mientras más sepas de algo, mientras más activo seas, mientras más problemas resuelvas, más trabajo te echan encima, lo juro. En fin, podría pasarme un rato hablando de lo que me aburren y fatigan las asambleas, las tareas colectivas y todo eso. Y por resumir, a mí lo que me atrajo del anarquismo fue su promesa de no tener que trabajar, simplemente organizando las cosas un poco.

La idea es muy sencilla. Si resulta que en un siglo la productividad se ha multiplicado por cien, la jornada de trabajo se podría reducir –es un poner– por cien. O sea, la CNT logró en la Huelga de la Canadiense las ocho horas de trabajo, que son 480 minutos diarios de curro, dividido entre cien, serían cuatro minutos y pico de trabajo al día. Redondeo a la baja: con cuatro minutos podríamos tener ropa, comida, vivienda, sanidad y educación para todo el mundo. Una vida muy larga, sana, optimista, cómoda y segura, cuidándonos los unos a los otros, y disponiendo de tiempo suficiente para dedicarlo de forma voluntaria al lujo, a la estética, o en mi caso, al sexo. ¿Qué es lo que impide que esta noble situación colectiva llegue por fin? Pues la avaricia de los ricos, el ansia de mandar de los poderosos, y la precariedad de los dominados. Como bien sabemos, poder y dinero suelen ir cogidos de la mano. Y ser antiestético, va con ser pobre.

Todo esto del trabajo viene a cuento, porque estamos viendo como en Madrid la pandemia se ha disparatado, y miles de contagios y cientos de fallecimientos evitables se están produciendo. Se demuestra así que las mascarillas son absurdas, si el currotariado sigue estando obligado a trabajar como bestias por un sueldo irrisorio, o a morirse de hambre. Hay –por lo tanto– un gran malentendido entre un proletariado obligado a llevar a cabo jornadas peligrosas y extenuantes, y un mundo en el que el trabajo necesario se puede repartir, y el trabajo innecesario se puede eliminar. Y se demuestra también la impotencia de un Gobierno de Izquierdas para proteger a la gente que dice representar, pues está maniatado por el entramado legal, por el presupuesto disponible y por su propia palabrería, así mientan aunque no muevan los labios.

Y esta es la propuesta del anarquismo: crecer. Que ya está bien de que los doctores del Gobierno aprueben limosnas que no dan ni para café con leche, y que para rellenar la solicitud y reunir el papeleo, haya que montar una expedición que ni para el Arca Perdida.

Acratosaurio rexACRACIA.ORG

A la mierda con el derecho al trabajo

Me comentaba un compañero de un partido de izquierdas, que tenía que reconocer que en materia social este Gobierno había hecho grandes avances, y me señalaba el tema de la Renta Vital Mínima, contra la que brama la patronal. Cierto. La patronal se queja. Temen quedarse sin esclavos, pero quisiera tranquilizarles al respecto. Parece que el miedo de la patronal, es que si le dan dicha renta a un tipo que cumpla los requisitos, no va a querer trabajar, por ejemplo, en el campo.  Claro que querrán trabajar. Os lo explico.

Los requisitos para cobrar esa renta son, para alguien solitario: ser mayor de 23 años, residente en vivienda propia, empadronado correctamente, con un año cotizado, la declaración de la renta hecha, ingresos mensuales declarados en 2019 menores de 452 €, y sin bienes ni propiedades superiores (excluida vivienda habitual) a 16614 € (1)… Si justifica esos datos puede tener derecho al Ingreso Mínimo Vital, cuyo importe sería la diferencia entre sus ingresos mensuales y 462 €. O sea, que si ganaste 400 € al mes, te darán la principesca cifra de 62 €. Y eso evitará –dice la patronal– que ese personaje, que normalmente es una mujer, opte por quedarse en casa comiendo macarrones, antes que irse a vivir dos meses a Lleida, o a Huelva o a Almería a algún invernadero, a vivir en un barracón, con tres baños para cuarenta personas, diez de ellas tosiendo, con una cocina y tres fuegos, pagando por el alojamiento al dueño, metida doce horas bajo plástico a 50ºC, comiendo macarrones. Resumen: explotación, machismo, racismo y aporofobia servidos en un mismo plato, para que lleguen los arándanos al Barrio de Salamanca, tan buenos para la infección urinaria. Si al pobre le dan limosna, no va a querer trabajar, dice el amo.

En fin, esa es la mentalidad de la patronal agraria, similar en líneas generales, a la de toda la patronal española y mundial. Y dice la izquierda que hay que dar sueldos y condiciones de curro dignos… Y en esto de la dignidad del sueldo y el trabajo yo ya no me pregunto por el «cuándo», si no por el… ¿Cuánto habría que pagar a una mujer marroquí, que viene a trabajar de jornalera, y que se infecta del coronavirus, para que el asunto salga por lo digno? No sé, ¿mil, dos mil? ¿Cuánto cuesta la dignidad de los frutos rojos? El asunto me inquieta. Por lo siguiente.

Imaginad a una mujer de dieciocho años. Su madre, que lleva trabajando en una lavandería industrial toda la vida, ha conseguido que la hija entre contratada y siga sus pasos. Trabajo fijo, algo que se celebra mucho. Imaginad a esa muchacha cincuenta años después, cuando se consigue jubilar a los sesenta y ocho años, con suerte. Ha tenido empleo para en medio de vapor y ruido, recibir, descargar, cargar, lavar, sacar, planchar, doblar, empacar… De ocho a cuatro, ganando entre 900 y 1100 euros, y haciendo doble jornada cuidando la prole. Esa chica joven, acabará su vida laboral no solo hecha polvo, sino absolutamente embrutecida, mermada, siendo una simple pieza de una lavandería. Y sin embargo es una trabajadora de un servicio esencial, que capaz es de haber metido a otra hija en el siniestro engranaje.

Entonces se me ocurre que los trabajadores tenemos la batalla ideológica perdida, porque pareciera que una limosna que se llame «renta vital» pa no morí de jambre, es un éxito gubernamental. En un país en el que el fraude a Hacienda asciende a unos cien mil millones de € al año, y en donde las SICAVs tributan el 1%, mientras que esa lavandera en el primer tramo tributa un 19%, lo que nos están haciendo es un genocidio. A los trabajadores y trabajadoras, nos matan. No hay ninguna dignidad en un salario de mierda y en unas condiciones de trabajo brutales, en manos de unos tipos sanguinarios. Dicen que tenemos un Gobierno de izquierda. ¿Por qué no le meten mano a los ricos? ¿Porque no quieren, porque tienen miedo, porque no pueden?

Hace más de un siglo Kropotkin proponía abandonar fórmulas ambiguas, tales como el derecho al trabajo o el derecho a la vivienda. ¿En un país con millones de desempleados y millones de pobladores de infraviviendas? Lo que nosotros, anarquistas desacomplejados proclamamos, es el derecho al bienestar, el bienestar para todos y todas. No es un sueño. Vivir bien, con tiempo para satisfacer deseos, gustos, aficiones sin explotar a otras personas ni destruir el medio ambiente, está al alcance de la mano. Todos podríamos ser ricos, cuidándonos unos a otros, produciendo lo que necesitamos, y no lo que beneficia a los poderosos. Todos podemos dejar de trabajar, si nos ponemos a trabajar todos. Y para ello hay que plantar batalla. La batalla no es política, ya está más que claro. La batalla es sindical, organizativa, social, cultural, simbólica, ideológica, dejando a un lado egos, divisiones, nacionalismo, religión, machismo y racismo. Digamos tranquilamente que hay que acabar con el capitalismo y con el Estado. Porque poner esperanzas, a estas alturas, en Gobiernos de cambio por miedo a los fachas de mierda y a cuatro mequetrefes sin media hostia, viene a ser, francamente, dejar que la zorra cuide a las gallinas.

Acratosaurio rex
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(1) Otro requisito imprescindible, es haber solicitado las pensiones y prestaciones a las que pudieras tener derecho excluidos salarios sociales, rentas mínimas de inserción o ayudas análogas de las comunidades autónomas

FUENTE: Acracia