EL PESIMISMO NOS HACE MÁS FUERTES (Y MEJORES)

Quien asegura que corren tiempos terribles y aciagos es porque quizás no se ha parado a pensar en el desarrollo histórico humano, repleto de infortunios de todo tipo, como plagas, epidemias, guerras y catástrofes naturales. Precisamente, todo libro de autoayuda parte de la pretenciosa idea de que el mundo –y uno mismo– puede (y debe) mejorar. Nos vemos avasallados por toda una literatura que intenta hacer del mundo un lugar más agradable cuando, a la vista de la realidad, todo parece sugerirnos lo contrario: no existe posibilidad de progreso.

Ya lo dijeron los antiguos latinos, y Schopenhauer lo ratificó: eadem, sed aliter; todo es siempre igual, todo es siempre lo mismo, aunque se dé de diferente manera y cambien los protagonistas. En paralelo a la fiebre de la autoayuda y al auge de la psicología positiva, se desprecian con demasiada facilidad las bonanzas de un saludable pesimismo que, lejos de lo que suele mantenerse, no nos aboca a un escenario apocalíptico o a sostener una actitud de rendición (o más aún, un talante depresivo u oscuro). En realidad, un pesimismo correcta y cabalmente entendido ayuda a asentarnos en nuestra circunstancia. Lejos de esperar ingenuamente que las cosas mejoren por sí mismas, se sitúa críticamente ante el escenario humano para pensarlo y rebelarse contra las crueldades que contiene, por mucho que parezcan inevitables: la invitación de cierto pesimismo, el que aquí nos interesa, es la de aspirar a conquistar un mundo más habitable, consciente siempre de sus limitaciones, adversidades y dolores internos. SEGUIR LEYENDO.

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FÁBRICAS, PRISIONES, HOSPITALES Y ESCUELAS: UN PATRÓN ÚNICO | ZYGMUNT BAUMAN

Jeremy Bentham se negaba a distinguir entre los regímenes de las diferentes «casas de industria»: workhouses [asilos para pobres], poorhouses [hospicios] y fábricas (además de las prisiones, manicomios, hospitales y escuelas ). Bentham insistía en que, más allá de su propósito manifiesto, todos esos establecimientos se enfrentaban al mismo problema práctico y compartían las mismas preocupaciones: imponer un patrón único y regular de comportamiento predecible sobre una población de internos muy diversa y esencialmente desobediente.”. Zygmunt Bauman

Por: Zygmunt Bauman

Se pensaba que la ética del trabajo mataría dos pájaros de un tiro. Resolvería la demanda laboral de la industria naciente y se desprendería de una de las irritantes molestias con que iba a toparse la sociedad postradicional: atender las necesidades de quienes, por una razón u otra, no se adaptaban a los cambios y resultaban incapaces de ganarse la vida en las nuevas condiciones. Porque no todos podían ser empujados a la rutina del trabajo en la fábrica; había inválidos, débiles, enfermos y ancianos que en modo alguno resistirían las severas exigencias de un empleo industrial. Brian Inglis describió así el estado de ánimo de la época: 

Fue ganando posiciones la idea de que se podía prescindir de los indigentes, fueran o no culpables de su situación. De haber existido algún modo sencillo de sacárselos de encima sin que ello implicara riesgo alguno para la sociedad, es indudable que Ricardo y Malthus lo habrían recomendado, y es igualmente seguro que los gobiernos habrían favorecido la idea, con tal de que no implicara un aumento en los impuestos.

 Pero no se encontró «modo sencillo de sacárselos de encima» y, a falta de ello, debió buscarse una solución menos perfecta. El precepto de trabajar (en cualquier trabajo, bajo cualquier condición), única forma decente y moralmente aceptable de ganarse el derecho a la vida, contribuyó en gran parte a encontrar la solución. Nadie explicó esta estrategia «alternativa» en términos más directos y categóricos que Thomas Carlyle, en su ensayo sobre el cartismo publicado en 1837: 

Si se les hace la vida imposible, necesariamente se reducirá el número de mendigos. Es un secreto que todos los cazadores de ratas conocen: tapad las rendijas de los graneros, hacedlos sufrir con maullidos continuos, alarmas y trampas, y vuestros «jornaleros» desaparecerán del establecimiento. Un método aun más rápido es el del arsénico; incluso podría resultar más suave, si estuviera permitido.

Gertrude Himmelfarb, en su monumental estudio sobre la idea de la pobreza, revela lo que esa perspectiva oculta:

Los mendigos, como las ratas, podían efectivamente ser eliminados con ese método; al menos, uno podía apartarlos de su vista. Sólo hacía falta decidirse a tratarlos como ratas, partiendo del supuesto de que «los pobres y desdichados están aquí sólo como una molestia a la que hay que limpiar hasta ponerle fin.

El aporte de la ética del trabajo a los esfuerzos por reducir el número de mendigos fue sin duda invalorable. Después de todo, la ética afirmaba la superioridad moral de cualquier tipo de vida (no importaba lo miserable que fuera), con tal de que se sustentara en el salario del propio trabajo. Armados con esta regla ética, los reformistas bien intencionados podían aplicar el principio de «menor derecho» a cualquier asistencia «no ganada mediante el trabajo» que la sociedad ofreciera a sus pobres, y considerar tal principio como un paso de profunda fuerza moral hacia una sociedad más humanitaria. «Menor derecho» significaba que las condiciones ofrecidas a la gente sostenida con el auxilio recibido, y no con su salario, debían hacerles la vida menos atractiva que la de los obreros más pobres y desgraciados. Se esperaba que, cuanto más se degradara la vida de esos desocupados, cuanto más profundamente cayeran en la indigencia, más tentadora o, al menos, menos insoportable les parecería la suerte de los trabajadores pobres, los que habían vendido su fuerza de trabajo a cambio de los más miserables salarios. En consecuencia, se contribuiría así a la causa de la ética del trabajo mientras se acercaba el día de su triunfo. 

Estas consideraciones, y otras similares, deben de haber sido importantes, en las décadas de 1820 y 1830, para los reformistas de la «Ley de Pobres», que tras un debate largo y enconado llegaron a una decisión prácticamente unánime: había que limitar la asistencia a los sectores indigentes de la sociedad (a quienes Jeremy Bentham prefería llamar el «desecho» o la «escoria» de la población) al interior de las poorhouses [hospicios para pobres]. La decisión presentaba una serie de ventajas que favorecían la causa de la ética del trabajo. 

En primer lugar, separaba a los «auténticos mendigos» de quienes —se sospechaba— sólo se hacían pasar por tales para evitarse las molestias de un trabajo estable. Sólo un «mendigo auténtico» elegiría vivir recluido en un asilo si se lograba que las condiciones en su interior fueran lo bastante horrendas. Y al limitar la asistencia a lo que se pudiera conseguir dentro de esos sórdidos y miserables asilos, se lograba que el «certificado de pobreza» fuera innecesario o, mejor, que los pobres se lo otorgaran a sí mismos: quien aceptara ser encerrado en un asilo para pobres por cierto que no debía de contar con otra forma de supervivencia. 

En segundo lugar, la abolición de la ayuda externa obligaba a los pobres a pensar dos veces antes de decidir que las exigencias de la ética del trabajo «no eran para ellos», que no podían hacer frente a la carga de una tarea regular, o que las demandas del trabajo en las fábricas, duras y en cierto modo aborrecibles, resultaban una elección peor que su alternativa. Hasta los salarios más miserables y la rutina más extenuante y tediosa dentro de la fábrica parecerían soportables (y hasta deseables) en comparación con los hospicios.

Los principios de la nueva Ley de Pobres trazaban, además, una línea divisoria, clara y «objetiva», entre los que podían reformarse y convertirse para acatar los principios de la ética del trabajo y quienes estaban completa y definitivamente más allá de toda redención, de quienes no se podía obtener utilidad alguna para la sociedad, por ingeniosas o inescrupulosas que fueran las medidas tomadas.

Por último, la Ley protegía a los pobres que trabajaban (o que pudieran llegar a hacerlo) de contaminarse con los que no había esperanza de que lo hicieran, separándolos con muros macizos e impenetrables que, poco después, encontrarían su réplica en los invisibles, aunque no por eso menos tangibles, muros del distanciamiento cultural. Cuanto más aterradoras fueran las noticias que se filtraran a través de las paredes de los asilos, más se asemejaría a la libertad esa nueva esclavitud del trabajo en las fábricas; la miseria fabril parecería, en comparación, un golpe de suerte o una bendición.  LEER MÁS.

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Max Stirner, en busca de la total libertad: «Tienes el derecho de ser lo que tú tienes poder de ser»

Todas las verdades por debajo de mí son bienvenidas; de verdades por encima de mí, de verdades a las que yo debería doblegarme, no sé nada. No hay verdad por encima de mí, porque por encima de mí no hay nada.

Johann Kaspar Schmidt, más conocido como Max Stirner, nació en Bayreuth, Baviera, el 25 de octubre de 1806. A los doce años, huérfano de padre, regresó de la ciudad de Kulm (donde vivía desde la infancia) a su ciudad natal, donde asistió a la escuela local. Terminados los estudios secundarios cursó Filología, Filosofía y Teología en la Universidad de Berlín (junto a figuras como HegelMarheineke y Schleiermacher), continuando su instrucción en Erlangen y Königsberg. En 1829 interrumpió sus estudios y viajó por Alemania, hasta volver temporalmente a Kulm en 1830 para ocuparse de los problemas de salud mental de su madre. Dos años después regresó con ella a Berlín , donde culminó sus estudios en 1834.

A finales de la década del treinta se unió a un grupo de jóvenes hegelianos, Die Freien (Los Libres), una suerte de tertulia literaria y filosófica donde trabó amistad con Friedrich Engels, Bruno Bauer y Karl Marx, y donde muy probablemente conoció la obra de Ludwig Feuerbach, fundador del ateísmo antropológico. En 1841 empezó a escribir textos breves para el periódico Die Eisenbahn y entra en contacto con editores de la época, adoptando el pseudónimo literario de Max Stirner, al parecer en alusión a su amplia frente (en alemán, Stirn).

En 1842 publicó Das unwahre Prinzip unserer Erziehung (El falso principio de nuestra educación), donde ya identificamos la crítica corrosiva y letal que caracterizaría su estilo. Su blanco en este caso, como es de esperar, es la educación. Stirner afirma que el conocimiento o, mejor dicho, la forma de estructurarlo, no puede ni debe ser dada como una merced:

Sin nuestra ayuda, el tiempo no sacará a la luz la palabra adecuada; todos debemos trabajar juntos en ello. Sin embargo, si tanto depende de nosotros, es razonable que nos preguntemos qué han hecho de nosotros y qué se proponen hacer con nosotros; preguntarnos cuál es la educación por la cual pretenden hacernos creadores de la palabra correcta. ¿Cultivan concienzudamente nuestra predisposición a convertirnos en creadores o sólo nos tratan como criaturas cuya naturaleza simplemente permite el adiestramiento? […] Por eso nos preocupa especialmente lo que hacen de nosotros en el tiempo de nuestra plasticidad; la cuestión de la escuela es una cuestión vital.

Además de cualquier otra base que pueda justificar algún tipo de superioridad, la educación, en tanto poder, elevaba al que la poseía sobre el débil, que carecía de ella, y el hombre instruido contaba en su círculo, grande o chico, como el fuerte, el poderoso, el potentado: pues él era una autoridad.

El germen de toda la obra stirneriana está presente en este texto, como cuando afirma:

La verdad no consiste sino en la revelación que el hombre hace de sí mismo, y a ella pertenece el descubrimiento de sí mismo, la liberación de todo aquello que le es ajeno, la máxima de las abstracciones o liberación de toda autoridad, la naturalidad reconquistada. Ciertamente a los hombres no se les provee nada en la escuela; si están allí, están allí a pesar de la escuela.

Para Stirner, dentro del ámbito pedagógico no existe la libertad: lo que se espera del estudiante promedio es la sumisión: «Nuestro buen trasfondo de obstinación queda fuertemente suprimido y con él la conciencia del libre albedrío. El resultado de la escuela es entonces el filisteísmo», concluye el autor. La única salida es la conquista de la libertad a través de la irreverencia: si se les enseña la idea de ser libres, entonces buscarán liberarse; por el contrario, si sólo se los «educa», se limitarán a acomodarse a las circunstancias de la forma más «educada», degenerando en seres débiles y serviles. LEER MÁS

EL VUELO DE LA LECHUZA

Cazarabet conversa con… Julián Vadillo, autor de “Historia del Anarquismo. Organización, acción y agitación” (Guía Burros. Editatum)

Julián Vadillo escribe una “guía del anarquismo” para la colección “Guía Burros” que es una “guía de conocimiento y saber” ideada por Eduardo Montagut para Editatum Editores.

¿Qué es Guía Burros? Los Guía Burros son manuales básicos para aprender a utilizar una herramienta, realizar una actividad o adquirir un conocimiento determinado de manera sencilla y fácil.

La sinopsis del libro:

El anarquismo fue una ideología que dio respuesta a la sociedad capitalista en el momento más álgido de su desarrollo en el siglo XIX, teniendo en su base una fuerte defensa de la libertad individual que llegaba hasta solicitar la desaparición del Estado. Las ideas libertarias, herederas de tradiciones de lucha antiautoritaria, representaron un nuevo modelo social, organizativo, económico y político que rivalizaba con otras corrientes del movimiento obrero y se convirtió una de las referencias político-sociales básicas hasta bien entrado el siglo XX.

En esta obra, clarificadora y rigurosa, el autor aborda los orígenes de esta ideología, los personajes más relevantes que la impulsaron y las consecuencias que tuvo su implantación en diferentes países, especialmente en España.

El autor, Julián Vadillo. Ya hemos conversado varias veces con este historiador amigo:

Abriendo Brecha

http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/brecha.htm

Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la revolución rusa

http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/porelpanlatierra.htm

Socialismo en el siglo XIX. Del pensamiento a la organización. Raíces, origen y desarrollo del laboratorio socialista antiestatal en el siglo XIX

http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/socialismosigloXIX.htm

Historia de la CNT. Utopía, pragmatismo y revolución

http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/historiacntvadillo.htm

Historia de la FAI. El anarquismo organizado

http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/historiafai.htm

Julián, ¿estamos ante una especie de libro introductorio que nos aproxima a las bases y a los pilares sobre los que se fundamentó y creció la ideal y el ideal anarquista y libertario tanto desde el espectro internacional hasta el nacional? Este libro, ¿es una aproximación al anarquismo?

-El libro está pensado como una introducción en dos vectores. Por una parte, dar a conocer a quien le interese una historia sintética del movimiento anarquista tanto internacional como en España. Y, por otra parte, está pensando también como una herramienta didáctica, para que profesores y alumnos en los grados medios y superiores puedan trabajar las ideas libertarias y su historia. A partir estas síntesis se pueden preparar clases y actividades de profundización cuando se aborden estos temas.

-Con esta lectura, amigo, ¿se rompen los mitos, digamos falsos, que hay todavía rondando sobre el ideal anarquista?

-Se intenta que la gente que quiera aproximarse y empezar a estudiar el anarquismo no lo vea como en cúmulo de lugares comunes al que nos tienen acostumbrados

-En una sociedad en plena expansión de la competitividad, del neoliberalismo económico y del capitalismo más salvaje….se decía y se expandió la idea que esto era lo que guardaba el sinónimo o la correspondencia con “el orden”  y  “lo organizativo”, mientras que las ideas anarquistas y el anarquismo eran equivalentes al desorden o a la organización cuando para poner al día a las ideas anarquistas desde el plano económico, político y social hay que tener, como mínimo, mucho más “orden” y “organización del que requiere “el sistema tal como lo conocemos hoy”…¿qué nos puedes comentar?

-Es uno de esos lugares comunes. Si algo distinguió al anarquismo en general y al español en particular fue su defensa de la organización como elemento básico. No podía haber transformación si no hay organización que articule la alternativa. Y esa organización la componía el ámbito societario, el educativo, el político, el económico, etc. El anarquismo no fue una idea de cuatro iluminados que lanzaban bombas o eran soñadores de un mundo sin leyes. Es un fenómeno organizativo complejo, de debates ideológicos muy profundos que en algunos lugares dio organismos poderosos de defensa de los intereses de la clase obrera.

-¿Las ideas anarquistas nacen o tienen lugar en común y rápidamente se expanden por muchos lugares diferentes, dispares y variopintos que, a la vez, han sido y/o actuado como células replicantes y éstas , también, a su vez… ¿es así?, coméntanos…

-Las ideas anarquistas son un conjunto de doctrinas que dan una respuesta a la sociedad industrial capitalista. Surgen como resultado de dos procesos. Uno puramente ideológico donde pensadores tales como Bakunin, Kropotkin, Proudhon o Malatesta aportan cuestiones doctrinales y de organización, y otro en la práctica organizativa societaria y de grupos donde se articulan las aportaciones prácticas de las ideas libertarias. Esas son las que la componen importantes grupos humanos que presentan sus organismos como reflejo organizativo de lo que quieren en la sociedad a la que aspiran.

-¿Hay tantos “anarquistas” como gentes se acercan y lo sienten haciendo de estas ideas las suyas?

-Yo creo que no, porque eso es tanto como decir que cada uno es anarquista a su manera. Es cierto que el anarquismo es heterodoxo y da pie a distintas interpretaciones. Pero también tiene una serie de ejes comunes sobre el que se adhiere aquellos que lo defiende. Lo que es sí es cierto es que los organismos anarquistas no crearon ningún tipo de programa cerrado, sino que todo estaba siempre en permanente debate y eran guías sobre las que se podía trabajar y perfeccionar.

-Acércanos, por favor, brevemente a esos rasgos ideológicos del anarquismo…

-El anarquismo es, ante todo, un movimiento político antiautoritario, que busca la abolición del Estado como organismo coercitivo para sustituirlo por la libre federación de individuos y grupos. Su modo económico era el socialismo, que será entendido por Bakunin como un modelo colectivista y por Kropotkin o Malatesta como un modelo comunista. Esto es importante porque hay algunas corrientes del liberalismo más extremo que se intentan apropiar de las ideas anarquistas alejándolas del socialismo. El movimiento anarquista, como he dicho antes, surge como respuesta a la sociedad industrial capitalista y su alternativa es socialista. Ese ultraliberalismo no es anarquismo, es otra cosa. El anarquismo parte del individuo, pero inserto en sociedades y asociación y aunque no interpela solo una clase sino al conjunto de la sociedad su medio de acción está en el obrerismo que es donde crece y ofrece alternativas.

-Todos estos cuatro pensadores del anarquismo tenían su raíz en común, pero cada uno “creó” su escuela, ¿no? ¿tenían sus seguidores?; ¿en cada país influyeron más unos que otros?

-Como todo movimiento, el anarquismo tuvo sus pensadores y unos fueron perfeccionando a otros. Desde Proudhon con sus teorías mutualistas hasta Kropotkin y Malatesta con las comunistas, pasando por Bakunin y el colectivismo. Aun así, aunque a nivel de alternativa económico unos fueron perfeccionando a otros, en realidad hubo cuestiones perennes que fueron adoptadas. Por ejemplo, de Proudhon permaneció su concepto del federalismo. De Bakunin su concepto de organismos amplios e internacionales, insertos dentro del movimiento obrero, así como la dualidad organizativa, tanto anarquista como societaria. De Kropotkin su concepto de comunismo anarquista y de Malatesta su análisis general de los debates que se dieron a finales del siglo XIX e inicios del XX sobre el papel del anarquismo y la necesidad de internacionalización del mismo. Luego, dependiendo del lugar, pues tuvo más fuerza una que otra. Los países donde el anarquismo tuvo un importante arraigo fueron España, gran parte de América Latina (sobre todo Argentina, Uruguay o México), Italia, Rusia, parte de Francia, etc.

-¿Cómo le fue al Estado Español en este viaje?

-España es fiel reflejo de esa síntesis. El anarquismo español fue societario y dual por Bakunin, federalista por Proudhon, analítico por Malatesta y comunista por Kropotkin. El ejemplo de la CNT y la FAI son esclarecedores en ese sentido.

-¿La esfera internacional del anarquismo influye más en la nacional que al contrario o qué nos podéis comentar?

-Los debates internacionales al final son reflejo de los debates que se dan en cada territorio, que posteriormente se elevan a niveles superiores. De todos modos, a diferencia de otros movimientos, para el anarquismo una realidad nacional no tenía que determinar la de otro. Por eso nos encontramos con ejemplos como Argentina, donde el modelo sindical es puramente anarquista y España, donde el modelo es de estructura anarquista pero no era necesario ser anarquista para pertenecer a él. Esa diversidad también es parte integrante del anarquismo.

-¿Organizarse en torno al funcionamiento de una sociedad internacionalista y librada de ataduras capitalistas fue lo más difícil o lo es más adaptarse sociológicamente hablando?-¿Qué se fue desintegrando, desde el plano social, con el paso de las dos guerras mundiales—la I y la II—y sus respectivas posguerras con sus posteriores y respectivos desarrollismos que eran tomados como sinónimo de “recuperación” y que venían de la mano del capitalismo más voraz?

-El entorno en el que creció el anarquismo en su origen era un tanto diferente al panorama tras la Segunda Guerra Mundial. Hay un factor determinante en este sentido. En la década de 1920 y 1930 se produjo el ascenso de los totalitarismos. Y la represión contra el movimiento anarquista fue muy grande. En algunos lugares prácticamente desapareció y en otros se forjó en un exilio que acabó con el paso de tiempo por hacerlo también desaparecer. No olvidemos que el fascismo y el estalinismo desarrollaron una política de anulación total del oponente. Pero, por otra parte, la alternativa anarquista no se mostró tan solvente en los años decrecimiento de la sociedad del bienestar. Aun así, cuando se produjeron momentos de ruptura con ese modelo, buscando alternativas, el anarquismo siempre brotaba. Un ejemplo fue Mayo del 68 y todo lo que ello conllevó, aunque se tradujese en una nueva derrota.

-Hay aquí datos que pueden llamar la atención al lector o lectora que se acercan al anarquismo por primera vez…por ejemplo esos inicios de la idea del anarquismo en la historia antigua, en la Revolución Francesa…

-El anarquismo no viene de la nada. Muchas veces nos pensamos que en Historia las cosas brotan como las setas en otoño. Pero en realidad todos los pensadores y movimientos se basan en otros anteriores de los que han sacado lecturas. Lo que tiene que quedar claro es que esos pensadores y movimientos no son anarquistas en el sentido de la palabra, sino que sus ideas ayudan al desarrollo de lo que sería la alternativa anarquista como respuesta de la sociedad industrial. Con ello se quiere mostrar que los movimientos no son binarios ni homogéneos, sino que hay una diversidad enriquecedora. Me refiero, sobre todo, a la Ilustración y la Revolución francesa. La Ilustración fue más que Voltaire, Montesquieu o Rousseau, y la Revolución francesa más que los jacobinos y los girondinos. Por eso este libro está pensado para estudiantes, porque cuando estudias en profundidad esos procesos te das cuenta que son complejos, pero ni en enseñanzas medias ni en universitarias se estudia con profundidad los procesos salvo que sean cursos monográficos y pocas veces se da.

-¿Qué podríamos destacar del anarquismo en acción?-¿Qué destacarías como diferente y diferencial del anarquismo en España?

-Dos cuestiones que son básicas para tener en cuenta el arraigo del anarquismo en España. El primero su deseo de organización. Una cuestión que los franceses le preguntaron a Tárrida de Mármol y este dijo precisamente eso, que el anarquismo español era organizado. Y, por otro lugar, el pragmatismo. Análisis pragmáticos que le permitieron conectar con la clase obrera para ofrecer su alternativa.

-¿De qué es heredero el anarquismo del Estado Español y quién se ha mirado en el anarquismo de España?

-Es heredero de la tradición de la Internacional, de las aportaciones doctrinales dichas más arriba, del desarrollo del sindicalismo revolucionario (aunque España también aporta al modelo sindicalista revolucionario francés del siglo XIX), etc. Sobre quien se ha mirado en el anarquismo español, en realidad todo el mundo libertario. Las aportaciones de los españoles estuvieron presentes en otros lugares y siempre se tomó como una referencia.

-¿Cuándo el movimiento libertario deja más la huella marcada en España?-¿El movimiento libertario en España va volviéndose más pragmático en sus idearios y acciones?, coméntanos por favor….

-El movimiento libertario no es que se vuelva más pragmático, es que es pragmático en sus ideas y acciones. Los libertarios fueron, dentro del campo obrero, quienes mejor entendieron las necesidades organizativas y alternativas de los trabajadores. Por eso adapto sus organismos a las circunstancias y actuó en consonancia con el entorno para hacer avanzar a sus ideas. En solitario cuando así lo estimaron y en coordinación con otras culturas políticas cuando fue necesario. Por eso fue un pensamiento ecléctico, heterogéneo y heterodoxo.

-Y cómo queda e intenta rehacerse después de la guerra, la represión, el exilio…

-La derrotada de 1939 es la gran derrota del movimiento libertario, porque su proyecto de sociedad quedó completamente sepultado por el fascismo. Además, el anarquismo se había encontrado otras veces en la clandestinidad, pero no con una represión inquisitorial de exterminio del enemigo como el franquismo impuso. Eso, evidentemente, pasó factura al movimiento libertario. Aun así, intentaron, infructuosamente, dar la vuelta a la situación y recuperar las libertades para España. La contribución de sangre no obtuvo recompensa, en esta ocasión. Aunque se reestructuró el modelo alternativo tuvo una serie de problemas que le impidieron volver a recuperar la frescura y el desarrollo del modelo previo a 1936.

-Las divisiones internas, ¿cómo son, a qué obedecen y no hay pocos que dicen que se pueden solventar…qué nos puedes decir como estudioso del tema?

-En todo movimiento existen diferentes maneras de entender la organización y hay divisiones. La cuestión es si es sostenible y pueden convivir entre sí o llevan a la ruptura. El anarquismo puede presumir de ser un movimiento que desde su implantación en España hasta el inicio de la guerra civil se rompió muy poco y supo reconducir la situación. Sin embargo, el peso de la derrota, el largo exilio desde 1939, el choque generacional tras la muerte del dictador etc., hicieron insostenible mantener dentro de un mismo organismo distintas formas de entenderlo. Cuestiones como el caso Scala solo vinieron a acelerar un proceso que se venía dando con anterioridad y que estaba larvado.

-Muy atractiva esta Guía Burros, desde ediciones Editatum, ¿cómo ha sido participar en ella?

-Ha sido una buena experiencia y desde la editorial han trabajado de forma muy profesional desde el inicio. Tengo que agradecer a Eduardo Montagut que me propusiese para este título y a Sebastián Vázquez que confiara en mi para esta guía de inicio a la historia del anarquismo. También al Instituto de Política y Gobernanza (IPOLGOB) de la Universidad Carlos III de Madrid que ha patrocinado este volumen.

FUENTE: CAZARABET

De cómo se usurpó y manipuló la memoria libertaria en Francia. Historia de un robo

aludos gente que lee!!! Aquí estoy de nuevo, y esta vez traigo el típico tema espinoso con el que no hacer demasiadas amistades. Digo típico por que es un clásico. Y como clásico, considero la usurpación, por no decir robo descarado y escandaloso, tanto del mérito, como de la participación, de los anarquistas en la resistencia en Francia. Ocultación de datos, manipulación, olvidos interesados, todo repetido hasta la saciedad, hasta que se convierta en “verdad”. Y es que no hay como poner la maquinaria de propaganda del “partido” a funcionar, para que se vean los resultados con prontitud. Así que, parte de quienes cuentan la historia, cuentan esta verdad deformada, que quienes vienen detrás toman como verdad absoluta, y mientras no salga nadie a desmentirlo, pues suma y sigue, una historia a la carta. No os preocupéis, también hay mandanga para la burocracia sindical anarquista.

Al igual que en la Guerra Civil Española, el PCE era minoritario al principio de la misma, pero gracias a la ayuda “desinteresada” de la URSS, pasó a ser el gran defensor de la Republica, en tierras francesas pasó tres cuartos de lo mismo. Bueno, no todo el rato, claro, pues en medio apareció ese curioso pacto de “no agresión” entre Hitler y Stalin, que dejó a demasiados comunistas con el pie cambiado y un gesto de incredulidad en la cara.

Pacto Molotov-Ribbentrop
El 23 de agosto de 1939,se firmaba en Moscú el pacto de no agresión entre Alemania y la URSS. IMANOL

Para quien no lo sepa, el 23 de agosto de 1939, la Alemania nazi y la URSS firmaron un pacto de no agresión, también conocido como pacto Ribbentrop-Molotov, que eran los encargados de los asuntos exteriores de ambos paises. El acto se oficializó en Moscú 9 días antes del principio de la 2ª Guerra Mundial. Además, el pacto también estrechaba los vínculos económicos y comerciales entre ambas potencias, sin olvidar el pequeño detalle del reparto de Polonia.

Así que cuando las tropas hitlerianas entraron en Francia el 10 de mayo de 1940, y 40 días después, ya tenían bajo su control la mitad del país vecino, y la otra mitad sometida bajo un régimen títere, la línea oficial del partido comunista, tanto francés como español, hizo de tripas corazón y decidieron seguir los mandatos del tío Yosiff… en fin, que no había que atacar a las tropas nazis. Por suerte para el mundo, muchas y muchos comunistas, se saltaron la tan cacareada disciplina de partido y pasaron a la acción contra las huestes de Hitler. LEER MÁS

fuente: EL SALTO / IMANOL