Stuart Christie, in memoriam

No esta siendo fácil este año 2020. Estamos asistiendo, por distintas razones, a la desaparición de una generación que marcó la historia reciente de nuestro país. Ya sea por las consecuencias de la pandemia del coronavirus o por terribles enfermedades hemos perdido a una parte de la historia que nos podían contar en primera persona acontecimientos de trascendencia.

Uno de esos personajes que nos ha dejado recientemente ha sido Stuart Christie. El pasado 15 de agosto el corazón de Stuart dejaba de latir tras una terrible enfermedad que acabó con él en poco tiempo. Su muerte generó una escalada de condolencias y de recuerdos, lo que indica de la importancia del personaje que se nos ha ido. Agradecemos este pequeño espacio para poder recordar a Stuart en su justa dimensión, por la importancia del trabajo que realizó y por lo que significó para nuestra historia reciente.

En todos los obituarios que han aparecido de Stuart, ya fuese en prensa generalista o en periódicos más militantes, ha habido un hecho que se ha destacado por encima de otros: Stuart Christie fue el anarquista británico que en 1964 intentó asesinar al dictador Franco en el palco del Santiago Bernabéu. Y ciertamente, Stuart, que llevaba conociendo el anarquismo desde tiempo antes, había entrado en contacto con círculos de exiliados españoles en Francia y había ofrecido la posibilidad de participar en un atentado que pusiese fin a la vida de un dictador que llevaba dominando el país bajo una fuerte represión desde 1939. Todos estos pormenores, Stuart los explicó en un libro autobiográfico de dicho acontecimiento bajo el título de General Franco made me a terrorist, que fue publicado en España con idéntico título (Franco me hizo terrorista. Memorias de un anarquista que intentó matar a un dictador). No merece la pena, por lo tanto, insistir en este aspecto que tanta tinta ha suscitado. Para eso nos remitimos al propio trabajo de Stuart. LEER MÁS

TODO POR HACER

Cuarenta años de la muerte de García Oliver. El alma de Los Solidarios y Ministro de Justicia Popular

Este mes de julio del año 2020 se cumplen cuarenta años de la muerte de un hombre que fue historia viva de su tiempo, un revolucionario de acción y de palabra, pues manejaba perfectamente la oratoria. Murió solo, murió lejos de Reus, su pueblo natal; y yacen sus huesos en Guadalajara, México, país donde se exilió. Este artículo, además de repasar su vida política en una efeméride tan señalada, quiere dar a conocer la investigación histórica que ha propiciado localizar la tumba de Juan García Oliver, desconocida hasta el momento actual. En tierras mexicanas se encuentra uno de los corazones más apasionados de la memoria libertaria.

Juan García Oliver fue camarero de profesión desde los trece años en diversos restaurantes de Barcelona, tuvo una trayectoria vital intensa, trepidante y novelesca. Es una de las figuras más importantes del anarcosindicalismo español que encierra una de las rarezas más peculiares de la historia libertaria, y es que este militante anarquista catalán fue nombrado Ministro de Justicia el 4 de noviembre de 1936, en plena Guerra Civil española. Un revolucionario que tan solo había pisado los tribunales como acusado, y que había pasado doce años de su vida en prisión por sus acciones en el grupo Los Solidarios en los años 20, y posteriormente en la República española por practicar la táctica de la gimnasia revolucionaria.

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FUENTE: TODO POR HACER

A doscientos años del nacimiento de Bakunin

El 30 de mayo de 1814 nacía Mijaíl Bakunin. Doscientos años después, queremos recordar al hombre cuya vida y obra consiguieron despertar en nosotros/as y en tantos/as otros/as la idea libertaria por la que hoy luchamos. Hemos decidido hacerlo seleccionando dos pequeños extractos de sus dos obras más importantes, Dios y el Estado (1871) y Estatismo y anarquía (1873). El primero de ellos gira en torno a la noción de libertad, el segundo no puede ser más actual en el momento “entre reyes” que acabamos de vivir. Recomendamos encarecidamente la lectura de estos clásicos (fáciles de encontrar en internet para descarga gratuita) no sólo por su valor histórico sino por su vigencia y actualidad casi dos siglos después. LEER MÁS

todo por hacer

De los neocón a los neonazis. La derecha radical en el Estado Español

Coordinado por Miquel Ramos. Colaboraciones de Nora Rodríguez, Jordi Borrás, Román Cuesta, Julián Macías, Al Descubierto, Proyecto UNA, Nuria Alabao y Carles Viñas. Financiado y editado por la Rosa-Luxemburg-Stiftung. 514 páginas.

El informe De los neocón a los neonazis: La derecha radical en el Estado español aporta no solo claves para el análisis, sino una descripción minuciosa de todo el cosmos de la extrema derecha en el Estado español, desde sus expresiones institucionales, con Vox a la cabeza, hasta sus tentáculos en el fútbol, las redes sociales, los influencers y los espacios de generación de pensamiento, como fundaciones o lobbies.

El periodista especializado en extrema derecha Miquel Ramos (@Miquel_R en Twitter) hace un extenso repaso del ideario y el programa político de Vox para entender y situar a la formación política. Pero con las aportaciones de las colaboradoras, el objeto de estudio va más allá: fundamentalismo religioso, la extrema derecha clásica, nostálgicos filofranquistas, grupúsculos neonazis, lobbies, fake news, medios de comunicación de extrema derecha, etc. Es decir, todo el entramado del universo de la extrema derecha, que siempre estuvo aquí, nunca se marchó y que, lejos de desaparecer, parece cobrar fuerza como ese abismo, ese lugar oscuro al que nunca quisimos mirar y que ahora nos pone frente a un espejo en el que nos cuesta reconocernos como sociedad.

Como muestra de lo actual que es este trabajo, cabe destacar que incluye un capítulo entero dedicado al comportamiento de la ultraderecha durante la pandemia de la Covid-19.

Esta publicación consigue no solo mapear y dibujar la extrema derecha en el Estado español, sino desnudarla con rigor y gran nivel de detalle. Esta investigación nace con la vocación de perdurar en el tiempo. Más allá de los análisis coyunturales, que inevitablemente son objeto de estudio, puesto que, en los años de la Covid-19, las estrategias de la extrema derecha adquieren su máxima expresión, este informe trata de sistematizar todo un conocimiento, monitoreo y activismo que lleva haciéndose desde hace años por parte de activistas y periodistas comprometidos. Por ello, las autoras quieren que sea un lugar de referencia y un manual de consulta perpetuo.

Actualmente se está publicando por capítulos, como si fueran fascículos, de manera gratuita, en la página web de la Fundación Rosa Luxemburgo y el informe completo puede solicitarse por correo electrónico escribiendo a info.madrid@rosalux.org.

FUENTE: TODO POR HACER

Reflexiones tras 50 años del Mayo francés de 1968

Continuamos tomando los adoquines para imaginar la arena de playa

Este mes se cumple el 50º aniversario del Mayo francés que tanto revolvió internacionalmente a los movimientos políticos y sociales. Es evidente que no podemos vivir de la nostalgia, y aún reconociendo que fue un acontecimiento irrepetible, sin embargo no quiere decir que haya dejado de latir con fuerza en nuestro presente, ni que sus efectos se hayan extinguido con el paso del tiempo. Este acontecimiento se reinventa actualmente en los conflictos actuales, no solo en Francia, sino como referente en todo el mundo.

Como dice el militante anarquista Tomás Ibáñez, Mayo del 68 forma parte de esos excepcionales sucesos históricos que están armados del suficiente potencial como para espolear la imaginación, encender deseos y hacernos soñar. Sin vivir de la nostalgia, y no permitiendo que esta guíe nuestros pasos y estrategias, pero el Mayo Francés puede evocar un estado de disposición a la acción y a la explosión de imaginación en las formas de lucha.

Fue un acontecimiento completamente inesperado, en un año que estuvo marcado por un sentir revolucionario muy fuerte a nivel internacional. Las intensas movilizaciones en EE.UU. contra la guerra del Vietnam, las manifestaciones de Zengakuren en Japón, o la batalla de Valle Giulia en Roma; todas ellas con un gran protagonismo de jóvenes nacidos tras la Segunda Guerra Mundial. Tras años de ‘prosperidad’ económica en Francia, y el afianzamiento de un sistema social capitalista, una generación de jóvenes franceses concluyen que un ciclo debe acabar, no para iniciar otro predeterminado, sino para debatir hacia dónde quieren dirigir sus vidas fuera del imaginario capitalista.

Quienes participaron activamente del Mayo francés sintieron una transformación de sus vidas, la continua lucha en las calles parisinas consiguió que muchos jóvenes percibieran ese tiempo como un tiempo de gran intensidad de aprendizaje y experiencia de unas sensaciones lejos de los tiempos y la monotonía que determina el capital. La distinción entre el tiempo de rutina y el tiempo poético marcan una sensibilidad diferente en algunos acontecimientos en nuestra vida. No solo luchaban contra las expresiones del capital en su vertiente laboral o estudiantil, sino contra la vida rutinaria que este les sumía. La mejor manera de imaginar otro mundo posible, es mediante la beligerancia contra aquello que nos amordaza la imaginación, desatando una reacción inesperada en nuestro esquema actitudinal, poniendo en práctica todo aquello que dentro de la cotidianeidad capitalista no se puede dar. El Situacionismo le aportó al Mayo Francés el potencial para crear espacios temporales donde experimentar más allá de los límites culturales que nos propone el capitalismo. La Internacional Situacionista existió desde los años 40 en Francia hasta 1972 cuando decide autodisolverse. Esta recoge el bagaje revolucionario del marxismo, el consejismo y el anarquismo, tratando de superar estas antiguas corrientes. El pensamiento revolucionario se alcanza mediante la realización y la supresión, es decir que realiza lo que el anarquismo no logró realizar, y supera las formas políticas marxistas abogando por la supresión de la dominación estatal.

Mayo del 68 supone un segundo asalto al capitalismo tras los años de prosperidad posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Recoge la plasmación del repunte de las ideologías sociales y movilizaciones políticas que se tejen durante toda esa década, pero que estallan de forma muy inesperada. Sin duda un tiempo muy corto en comparación con el primer asalto al capitalismo que sucedió en los años 30 del siglo XX y que se venía fraguando desde decenas de años atrás. Con la Comuna de París de 1871 en el corazón, pero un contexto radicalmente distinto, Mayo del 68 se convierte en referente contemporáneo de lucha contra el capitalismo, pero también como una herramienta para mercantilizar la lucha por parte del sistema décadas después. Se hace necesario enlazar este acontecimiento con los conflictos actuales, no en un discurso teórico de recreación en forma de anhelo de un pasado ideal, sino en la práctica revolucionaria actual.

Los acontecimientos del Mayo francés destacaron entre otros a nivel mundial, tuvieron un impacto enorme y sirvieron de aliento. No se trataba de conquistar el Poder en bruto, nada se hubiera hecho con ese Poder, pero se consiguió politizar espacios, colectivos y dinámicas que habían caído en la despolitización impuesta por los regímenes de postguerra y el falso sueño de la recuperación económica que adormeció a las sociedades. El objetivo era romper con la pasividad y el aislamiento individual, aboliendo las caducas herencias recibidas y planteando una actividad de transgresión de la vida cotidiana desde la creatividad. Muchas expresiones libertarias fueron rescatadas de los guetos donde se habían anclado, y fueron lanzadas como piedras sobre la sociedad para despertarla.

A pesar de haber pasado al imaginario como una revuelta estudiantil, lo que hizo que Mayo del 68 no se convirtiera en un simple descontento de jóvenes que habían logrado llegar a una universidad a la que se comenzaba a acceder masivamente, fue el hecho de lograr la vinculación con el mundo laboral, y que la clase trabajadora se sumara a este reclamo ocupando fábricas y uniéndose al órdago lanzado desde los movimientos estudiantiles. Esta reacción laboral, igualmente estuvo protagonizada por un rechazo al vanguardismo y las burocracias de los sindicatos tradicionales, que trataron de evitar este encuentro en la barricada, pero que marcaron una senda de autonomía obrera organizándose al margen de las centrales sindicales y partidos de izquierdas.

Se plantea como crítica al Mayo francés la falta de una dirección clara o de estructuras organizativas contra el enemigo común, si bien es probable que no pudiéramos hablar de la espontaneidad en el camino que tomaron los acontecimientos si se hubieran encauzado esas energías hacia planteamientos preestablecidos. Son esos planteamientos los que fueron cuestionados por ese cóctel ideológico, es evidente que no pretendía construirse un proyecto concreto, y eso no debe ser entendido como algo malo, sino que surgió como una semilla que si se germinaba podría llegar a ofrecer caminos revolucionarios a explorar donde nada estaba escrito. De hecho, la marcha de acontecimientos se asentó sobre esa premisa: se construía, se experimentaba y se incidía con creatividad sobre el devenir cotidiano de los sucesos.

Wallerstein le da la denominación de rebelión cultural, ya que el ciclo revolucionario de 1968 no plantea la toma del poder político. La rebelión social se traslada a cambiar radicalmente la vida cotidiana, la irrupción de esta insubordinación no se materializa en un proyecto político concreto. Sin embargo, no hay nada más revolucionario que querer cambiar la cotidianeidad. Supone un cambio de prácticas, no se trata de conquistar territorialmente, ni de dar un golpe para la obtención del poder, sino sentar las bases de la organización que permita una emancipación integral de la vida cotidiana alejada del capitalismo y su vacía existencia. El enemigo era el tipo de vida gris y vacía que ofrecía el sistema, una vida que no era producción creativa y autónoma, sino reproducción de un modelo determinado y encauzado para alimentar al propio capitalismo; un enemigo que sigue siendo común actualmente.

Acontecimientos en Mayo de 1968 en Francia

El 22 de abril de 1968 miles de estudiantes se concentraron ante la Universidad de Nanterre a las afueras de París como protesta por la detención de varios estudiantes acusados de atentar contra empresas estadounidenses implicadas en la Guerra del Vietnam. Los últimos días de abril los enfrentamientos con la policía fueron habituales, hasta tal punto que el decano de la Universidad ordenó su cierre el 28 de abril, pretendiendo frenar el movimiento estudiantil, y además, con la intervención de grupos de extrema-derecha que atacaban a los estudiantes.

El 3 de mayo miles de estudiantes se concentraron en la plaza de la Sorbona de París en apoyo a los compañeros que debían declarar ese día en los tribunales por su detención en los altercados a finales de abril en Nanterre. El ataque por parte de la policía francesa provocó que el conflicto se extendiera más allá de los recintos universitarios y estallara en las calles parisinas; mientras los principales dirigentes sindicales y estudiantiles trataban de controlar ordenadamente esta situación, los y las estudiantes rebasaron estas directrices y actuaron desde su sensibilidad encontrando que la revuelta prendió en el Barrio Latino parisino. Situaba el centro de la acción en la solidaridad con los detenidos, la actuación directa sin mediaciones, sin exigencias o demandas al Poder, sencillamente practicando la autoorganización y la autonomía para tomar decisiones que se llevaban a cabo sin limitaciones.

El 6 de mayo se repitieron los enfrentamientos con la policía en la declaración de los estudiantes ante el Comité de Disciplina de la Universidad de Nanterre. La solidaridad se extendió entre miles de estudiantes que encontraron el apoyo de una sociedad francesa hastiada, los acontecimientos dejaron medio millar de detenidos y cientos de heridos.

El 10 de mayo por la noche se daba lo que se ha conocido como ‘la noche de las barricadas’, decenas de miles de estudiantes se unen a las luchas en el Barrio Latino de París tratando de liberar a sus compañeros detenidos, las fuerzas policiales atacan las barricadas levantadas y al día siguiente sacan carros blindados a las calles de París, procediendo a una militarización urbana no vista jamás por estos jóvenes estudiantes.

Un punto de inflexión que le otorgaría una relevancia impredecible a esta revuelta fue la convocatoria de una huelga general el 13 de mayo, a la que se unieron varios millones de trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda Francia, congregando en una manifestación a más de 200 mil personas en la ciudad de París. Los estudiantes tomaron la Universidad de la Sorbona y establecieron un Comité de Ocupación, mientras que al día siguiente miles de trabajadores tomaban algunas de las principales fábricas de la Francia industrial. Durante esa semana se dan tensiones con las centrales sindicales que pretenden moderar el movimiento, produciéndose una respuesta activa de los estudiantes para seguir trazando su camino en la práctica cotidiana de esta insurrección.

La huelga se extiende a numerosos centros de trabajo, los Comités de Huelga debaten sobre la cuestión del poder popular, y a través de sus críticas a la autoridad estatal se genera un vacío moral del poder, cuestionado de raíz por la violencia ejercida y abriéndose numerosas oportunidades por las que discurrir desde el sentir revolucionario.

La noche del 24 de mayo París vivió un estado de auténtica insurrección frente al Poder estatal, que obligó al Estado francés a reaccionar dividiendo al movimiento obrero, proponiendo unas negociaciones establecidas a varias bandas y haciendo propaganda de determinadas concesiones, obviando de que para la mayoría de estudiantes y trabajadores el gobierno no era un interlocutor de referencia, y sus pasos se dirigían hacia otras posturas. Sin embargo, el 12 de junio el presidente Charles De Gaulle decreta la disolución e ilegalización de todos los grupos de izquierda revolucionaria, mientras continúan las negociaciones son las centrales sindicales moderadas. A lo largo de este mes de junio, grupos incontrolados de extrema-derecha son lanzados contra los movimientos rebeldes, que junto con la violencia policial continuada, las negociaciones aprobadas por los dirigentes autodenominados representantes de los obreros, y la celebración de elecciones legislativas a finales de junio; llevaron al movimiento a diluirse en una experiencia que había marcado un camino, irrepetible como ya se anticipaba, pero al fin y al cabo necesario para sentar algunos análisis y prácticas revolucionarias en el presente.

Ya en el 2018, este pasado mes de abril los estudiantes franceses han iniciado huelgas ocupando facultades por toda Francia, los ferroviarios comenzaron una huelga hace semanas, y han establecido contactos de apoyo con los estudiantes. Miles de personas han salido a la calle en solidaridad con la ZAD, territorio ocupado con un proyecto de autoorganización que ha sido agredido e intentado desalojar por el actual gobierno de Emmanuel Macron. Los sectores obreros franceses llevan alimentando una confrontación social contra el capitalismo estos últimos años, las  comunidades racializadas y el antifascismo francés vienen trabajando arduamente en potenciar esta lucha. Todos los años cuando llega el mes de mayo a Francia, se tiene en la vista aquél año 1968, que si bien no se dará nuevamente en los mismos términos, puede servir como potencial para extender el bloqueo y la actividad obrera por todo el país.

Artículo escrito por Ángel Malatesta / TODO POR HACER

Memoria del pueblo de Madrid. La toma de la Casa de Campo en 1931

El día 1 de mayo de 1931, tan solo diecisiete días más tarde de la proclamación de la Segunda República española, el pueblo de Madrid salió a las calles de la capital en una manifestación multitudinaria de más de 200.000 personas. Si bien algunas vivían tras dos semanas de fervor republicano una ensoñación de tiempos de transformación política y reclamaban inaplazables reformas para paliar el hambre y la injusticia social, otras muchas personas de las clases populares, aun dando la bienvenida a un tiempo en el que la monarquía y los aristócratas se habían marchado con el rabo entre las piernas, sabían que se debía declarar una acción decidida de tomar y hacer, en lugar de pedir y esperar. Ningún gobierno podría darle al pueblo más que migajas, y el republicanismo quería calmar los ánimos de la burguesía liberal demostrando que sabían asfixiar las reales aspiraciones obreras de emancipación y autonomía política.

Una historia de enajenación y cotos privados de la familia real

Actualmente la Casa de Campo es un jardín histórico y el mayor parque público en la ciudad de Madrid. Con la fundación histórica de la originaria fortaleza de Mayrit (precedente árabe de la actual ciudad creada en el siglo IX), esta inmensa zona boscosa que quedaba en el margen exterior del río Manzanares posiblemente fuese aprovechada por los habitantes debido a su riqueza agrícola, forestal y cinegética. Posteriormente, en el siglo XV, el linaje de la Casa de los Vargas se hizo con varias propiedades en esa zona. Esta familia nobiliaria construyó una casa de campo en esos terrenos, pero esta casa-palacio y todas las fincas a su alrededor fueron compradas por el monarca Felipe II. Se construyeron durante las siguientes décadas distintos jardines, estanques y zonas de caza y ocio para uso exclusivo de la monarquía hispánica de los Austrias. Esta posesión, consecuencia de la especulación de los poderosos, y retenida por la gracia divina, pasará a manos de la dinastía de los Borbones, quienes amplían el perímetro con la enajenación de nuevos terrenos y tapiarán todo el recinto para impedir el paso a cazadores y leñadores. Continuó siendo hasta el siglo XX un espacio completamente ajeno al pueblo de Madrid, con empleados de la monarquía que administraban su espacio e incluso se comercializaban productos como hielo de los pozos de nieve, resina de sus árboles, y leche, queso o mantequilla de sus vaquerías.

El pueblo madrileño reclama el espacio que le pertenece colectivamente

Ya desde el día siguiente de la huida del monarca en 1931, y a pesar de que las nuevas autoridades republicanas prometían la apertura del espacio de la Casa de Campo previa ordenación del terreno, algunos grupos, principalmente de jóvenes, saltaron las tapias del recinto para tomar lo que le pertenecía al pueblo, descubrir su lago, subirse a las copas de los árboles y revolcarse ufanos por los distintos jardines ya no tan regios. Otros madrileños sin demasiado que llevarse a la boca entraron en los siguientes días para cazar algunos conejos y paliar el hambre de las familias, y sobre todo, la inanición que sufrían muchos chiquillos.

A pesar del hambre que pasaba el pueblo, no todo podrían ser disgustos y sinsabores en la casa del pobre, se reclamaba la conquista del ocio y convertir espacios como la Casa de Campo en un inmenso bosque comunal. Es por ello que aquella fecha del 1 de mayo de 1931, tras la inmensa manifestación obrera, riadas de gente se desplazaron a la Casa de Campo. La algarabía y las paellas populares surgieron espontáneamente dentro de su recinto con decenas de miles de personas que no podían creer que aquel inmenso espacio hubiera estado en posesión de una única persona durante tantos siglos. Las clases populares madrileñas sentían que recuperaban una parte de su territorio que nunca debió de ser perdido.

El trabajo rural y la población jornalera en los pueblos: tierra y libertad

Sin embargo, esta cesión simbólica del Gobierno republicano al Ayuntamiento de Madrid de la Casa de Campo para devolverlo a dominio público y crear una zona de recreo capitalina, pareciera que podría servir de fino velo que nublase la verdadera necesidad de la inmensa población trabajadora: la posesión de las tierras de labranza. Mientras en la ciudad de Madrid se anunciaba a bombo y platillo la recuperación pública de la Casa de Campo, las regiones rurales y jornaleras del país ansiaban una reforma agraria. Si esta no llegaba urgentemente mediante legislaciones parlamentarias logradas a través de la presión social, serían tomadas las tierras no labradas de caciques y grandes propietarios, como realmente hubo de hacerse durante los siguientes años para no morirse de asco y de hambre como ya sucedía en el anterior régimen monárquico. 

La Casa de Campo tomada por el pueblo de Madrid en 1931, tan solo cinco años después sería testigo, en el contexto de la Guerra Civil española, de la conquista de sus terrenos por el ejército sublevado, y desde sus lomas la artillería franquista aterrorizaría a la población madrileña con bombardeos diarios sobre la ciudad, que levantó una resistencia antifascista en torno al lema ‘No Pasarán’ 

TODO POR HACER

Siempre nos quedará París. 150 años de la Comuna Revolucionaria

Guardado en: COMUNA DE PARÍSFRANCIAMEMORIA HISTÓRICA

«La lucha actual no puede tener más resultado que el triunfo de la causa popular… París no retrocederá porque porta la bandera del porvenir. La hora suprema ha llegado… ¡paso a los trabajadores, fuera sus verdugos!…» – Comité de la Comuna de París (1871)

La naturaleza histórica de la Comuna: La revolución de todos o de ninguno

La Comuna de París fue un suceso histórico obrero inédito, pues los trabajadores actuaron autónomamente y generaron una importante resonancia internacional tanto en su época como posteriormente por la manera en que se practica una ruptura tanto con el poder estatal como con la Iglesia.

Todos los movimientos revolucionarios a partir de ese momento toman como referente la Comuna de París. Tanto el marxismo como el anarquismo, que aún no estaban plenamente definidos en el tiempo de la Comuna, la tratan de hacer suya más adelante, teniendo una gran influencia en las posteriores revoluciones del siglo XX. Sin embargo, nadie intelectualmente puede apropiarse de la Comuna, pues la Asociación Internacional de Trabajadores en Francia en aquél momento se encontraba en la clandestinidad, por lo que no tuvo un impacto verdaderamente importante.

Además, aparte de las dos corrientes mayoritarias internas en la AIT (marxismo y socialismo libertario) en Francia otras dos corrientes revolucionarias tenían una gran fuerza tradicionalmente: el mutualismo proudhoniano, fundamentalmente entre los artesanos; y el blanquismo, socialistas seguidores del revolucionario francés Blanqui. Este último movimiento quedará diluido tras la Comuna, pues Blanqui estaba encerrado en Versalles condenado a cadena perpetua cuando estalla la misma, no pudo fugarse y vivió desde la distancia la masacre en la que terminó la Comuna de París. Por lo tanto, la Comuna de París no tiene una única tradición revolucionaria que pueda adjudicarse el suceso histórico.

La obra de Karl Marx de La Guerra Civil en Francia sería un buen ensayo historiográfico y una buena investigación periodística de los sucesos de la época. Realiza una crónica detallada de la Comuna de París, e incluso esta le trastoca sus propias certezas sobre la dictadura del proletariado. Esto es, si la Comuna de París es la dictadura del proletariado, entonces esta consiste en la abolición del Estado y no en su simple conquista, y debe tenerse en cuenta como base para afirmar qué no es ciertamente la dictadura del proletariado: «La comuna ha demostrado, principalmente, que la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines».

Sin embargo, Mijail Bakunin siente corroboradas las bases de su pensamiento y lo que un año más tarde en el Congreso de la AIT en La Haya, se sienta como camino netamente anarquista. Este toma la Comuna de París como una enseñanza práctica libertaria.

La Comuna de París tuvo un impacto mundial e inspira muchos movimientos revolucionarios internacionales, surgen además periódicos con su nombre y colectivos que se sienten herederos de la misma. Habría que lanzar una triple pregunta sobre este suceso histórico: ¿Es la Comuna de París un germen, un modelo o un devenir revolucionario? El proceso de autoorganización popular urbana no estaba proyectado en su origen, ni siquiera estaba previsto el pueblo en armas ni las barricadas. Llegó a formular y poner en práctica durante algunas semanas un programa revolucionario muy amplio en materia de salud, educación o vivienda; que supera con mucho la simple propuesta inicial de representación comunal revocable en manos de obreros y artesanos.

La naturaleza revolucionaria de la Comuna: Los cañones, la sangre y la barricada

París no ha cambiado sustancialmente desde 1870 hasta la actualidad, en ese tiempo ya había anexionado los municipios colindantes. Era una ciudad de fuerte control militar y burgués con aproximadamente dos millones de habitantes en el año de la Comuna, cifra que se había duplicado en tan solo veinte años. Las grandes avenidas sirven para el paso dominante de las tropas militares, y reprimir los barrios más disidentes de la ciudad. Es en la zona Norte y Este donde quedará el viejo París, donde se aglomera la población trabajadora expulsada del centro urbano, y que protagonizará los hechos de la Comuna.

La declaración de guerra entre Francia y el Reino de Prusia en julio de 1870, será el punto histórico que marca la caída del Imperio francés de Luis Napoléon Bonaparte. El desencadenante de este conflicto será el malestar francés por la candidatura de un príncipe alemán al trono vacante en España; y la chispa es la manipulación mediática de Otto Von Bismarck sobre unas comunicaciones del Káiser, tratando de herir el patriotismo francés. La derrota en la Batalla de Sedán en septiembre de 1870, junto a la captura de miles de militares franceses dirigidos por el mariscal Patrice MacMahon, incluido el emperador Napoleón III, inflaman el derrotismo francés firmando la rendición. Es un desastre y una humillación, y cuando el 3 de septiembre llega la noticia a París se levanta una insurrección en Francia proclamando la III República.

Se improvisa un gobierno de Defensa Nacional que agrupa al republicanismo conservador y moderado, y al frente del ejército se sitúa a un militar bonapartista. Una situación abierta con un republicanismo amplio, desde el burgués hasta el republicanismo democrático. Estos republicanos tratan de contemporanizar un régimen que les sirva para sus pretensiones. El 19 de septiembre de 1870, el ejército prusiano cerca la ciudad de París, los bombardeos y hambruna acaban con la vida de muchos parisinos, por lo que la brecha entre sus ciudadanos y el gobierno oficial crece rápidamente. En París, paralelamente y bajo la situación de cerco militar, surge una entidad de gobierno revolucionaria conocida como Comité Central Republicano de Defensa, una nueva autoridad independiente.

Los invasores prusianos proclaman en el Palacio de Versalles el I Reich Alemán con el Káiser Guillermo I y el canciller Bismarck, centrándolo en una revancha de carácter patriota. El gobierno francés oficialmente firma la capitulación el 28 de enero de 1871, y el 8 de febrero se hacen elecciones legislativas como exigencia de los alemanes, que querían firmar la paz con un gobierno electo oficialmente. La Asamblea Nacional francesa era de mayoría monárquica debido al voto rural en Francia, mientras que las ciudades eran fuertemente republicanas. Numerosos diputados republicanos firman su renuncia a la asamblea ante esta deshonrosa capitulación. El 1 de marzo se hace un desfile triunfal por París de las tropas prusianas.

El levantamiento general parisino será el 18 de marzo, que contará con la ayuda de la Guardia Nacional, mientras que el ejército bonapartista se posiciona en contra. Esa guardia estaba vinculada a las clases populares, mientras tanto el gobierno oficial se posiciona contra el desorden, argumentando que una autoridad republicana debe dar ejemplo de paz y orden. El gobierno de Defensa Nacional, refugiado en Burdeos y dirigido por Adolphe Thiers, reclama los cañones sustraídos por el pueblo de París. El ejército francés toma los puntos estratégicos clave de París, para desarmar al pueblo y a la Guardia Nacional.

Louise Michel y otras mujeres se tiran sobre los cañones y ametralladoras, los soldados permanecen inmóviles y deciden finalmente no disparar. El gobierno de Defensa Nacional no esperaba una reacción tan decidida del pueblo parisino, ni la solidaridad de parte de los soldados del ejército. La Guardia Nacional se hace con los principales centros neurálgicos urbanos. El general Lecomte es ejecutado por los ciudadanos parisinos, iniciando el gobierno de la Comuna. El 19 de marzo se hace una declaración oficial de la Guardia Nacional para crear una república popular, renunciando al poder autoritario que se había quedado vacío con la situación insurreccional.

Desde Versalles se ordena la retirada de los militares leales y la policía oficialista, Thiers se comunica con el Ministro de Exteriores para contactar con el canciller alemán, a quien le aseguran que mediante una organizada represión acallarán el bandidaje parisino y el orden social será restaurado en menos de una semana. Sin embargo, serán 72 largos días de resistencia, organización comunal y un sueño revolucionario popular; mientras sufrían los estragos de un doble asedio, el de los prusianos, y el del ejército francés. La insurrección comunera abría una nueva era política experimental, una situación donde se aspiraba a abolir los viejos posicionamientos clericales, militaristas, burocráticos; la especulación, la explotación y los privilegios, puestos fin por el proletariado organizado. Apelaban al resto del país francés a abrir combate, sin embargo, su iniciativa no será ofensiva cuando las tropas de Versalles no eran aún un ejército poderoso, puesto que se prioriza el aspecto político interno, las transformaciones sociales y la organización de unas elecciones bajo la idea de la democracia directa. La Comuna queda proclamada en el Ayuntamiento de París el 28 de marzo, dos días después de las elecciones. Miles de hombres y mujeres se echaron a las calles a celebrar la Comuna, y de los 66 consejeros totalmente revocables la mayoría eran pequeños artesanos.

Una efervescencia política se adueña de París durante algo más de dos meses, una experiencia revolucionaria inigualable. Decreto de separación de Iglesia y Estado; se suprime el presupuesto de cultos, los bienes de congregaciones religiosas serán considerados propiedades colectivas. La educación queda en manos de la Comuna, se secularizan los cementerios, medidas de higiene como autorizar las cremaciones, o aprobar el matrimonio civil.

Se condonan siete meses de deudas de alquiler de viviendas en París, el tiempo que la ciudad llevaba sitiada. Se aprueban pensiones para huérfanos y viudas de la Guardia Nacional. Se expropian los talleres abandonados por los patronos huidos para autogestionar esos espacios de producción por los obreros. La Comuna representa la primera revolución de las mujeres como sujeto protagonista, una acción social determinante. Crean una unión de mujeres para la defensa y el cuidado de los heridos, participan de los comités, los debates, las reformas; y aunque también conducen ambulancias y son enfermeras, en la lucha frente al ejército se posicionan en las barricadas. Serán acusadas de doble traición, a su país y a su sexo; las mujeres comuneras serán puestas de depravadas, violentas y libertinas, que no cumplen con su función social de buena ciudadana.

La Comuna de París fue periodo utópico en plena construcción, no como teoría irrealizable. Adopta como enseña la bandera roja, el 6 de abril un batallón de la Guardia Nacional quema una guillotina, y se elimina la pena de muerte. Se marca el carácter internacionalista de la revolución, y la columna imperial de la Plaza Vendôme es demolida como símbolo de militarismo, en un evento festivo revolucionario, pues las reformas que se estaban tomando incrementaban ese fervor de estar escribiendo la historia. No se incautó el banco nacional de Francia, lo cual se analizaría posteriormente como un error, puesto que hubiera supuesto la total abolición del mercado del capital francés.

El 10 de mayo de 1871 el canciller Bismarck y el presidente Thiers firman la paz; se asegura un pago de 5 mil millones de francos-oro, más la adhesión de los territorios de Alsacia y Lorena. Libera a los militares prisioneros en Sedán, y se les deja pasar hacia París para reprimir a la Comuna. Frente a este ejército de unos 170 mil hombres, se enfrentarían unos 40 mil hombres y mujeres, una resistencia a la desesperada. Se va perdiendo la periferia, van cayendo los barrios parisinos y se ejecuta a los prisioneros que apoyan decididamente a la Comuna. Un decreto establece que se fusilaría a tres reaccionarios por cada comunero fusilado por el ejército francés; una increíble resistencia se desata a partir del 21 de mayo.

La Semana Sangrienta hasta el 28 de mayo, se fusila sobre las barricadas y hasta en los hospitales, donde acceden las tropas francesas. El ejército penetra en la ciudad de París por los barrios burgueses del oeste, avanzando ayudados por vecinos anticomuneros identificados por brazalete tricolor; además la artillería causaría estragos entre la población comunera.

El 23 de mayo cae Montmartre, uno de los bastiones de la Comuna de París. Se comienza a incendiar los edificios gubernamentales, si la Comuna no vence, destruirían París para que tuviese que reconstruirse desde las ruinas provocadas por la represión. Si los reyes no tenían ya los palacios en su madriguera, quizá ya no quisieran regresar nunca más. Se incendia, entre otros, el Palacio de las Tullerías. Estos hechos serían utilizados por la prensa conservadora para desprestigiar a la Comuna de París. Los últimos combates fueron en la zona Este el 27 de mayo, la toma del cementerio de Père-Lachaise y el fusilamiento de más de un centenar de comuneros en lo que se llamó posteriormente el muro de los Comuneros. Los días siguientes numerosos comuneros fueron represaliados, asesinados por toda la ciudad y enterrados en fosas comunes.

La lucha había acabado y la venganza de los dominadores inflexible. Sembraron París de cadáveres para perpetrar una represión ejemplar, no querían que quedase nada de la Comuna de París, querían borrarla de la historia. Algunas columnas de comuneros fueron llevados hasta Versalles, en ocasiones se hicieron selecciones al azar de hombres y mujeres para fusilarlos delante de otros como ejemplo de violencia y poderío. Las masacres fueron sistemáticas y ordenadas por el gobierno de Versalles, entre las filas del ejército en combate cayeron 900 soldados, en cambio unos 20 mil comuneros fueron ejecutados. La justicia militar apenas dictó sentencias oficialmente, porque la mayoría de ejecuciones fueron al margen de la ley, aunque ordenadas por el poder. Más de cinco mil presos y presas fueron desterrados a Nueva Caledonia, entre ellas, la maestra revolucionaria Louise Michel, que incluso llegó a solicitar que se la fusilase condenada igual que a los hombres.

Más de 40 mil presos en total, y hasta 1880 no se decretó una amnistía definitiva. Se buscaba consolidar un nuevo orden republicano, sin una oposición izquierdista, demostrando a la burguesía que no solamente los monárquicos podían mantener el orden. Se blinda la propiedad privada, y se continúa una política imperialista en las colonias. Esta III República francesa durará hasta 1940 con la entrada nazi en Francia.

La naturaleza poética de la Comuna: El tiempo de no retorno al orden antiguo

Los obreros con su incultura lograron tomar el poder y organizarlo horizontalmente, destruyendo el orden autoritario. El legado de la Comuna de París representa el inicio de un ciclo histórico de preparación de una nueva Revolución Social, que se inicia cincuenta años más tarde prendiendo la mecha la Revolución Soviética. Se rompe el idealismo republicano del movimiento obrero, el vacío institucional de poder favorece el florecimiento de experiencias revolucionarias.

Un legado indiscutible será la Internacional Situacionista en los años 40 en Francia hasta 1972, cuando decide autodisolverse, recoge el bagaje revolucionario del marxismo, el consejismo y el anarquismo, tratando de superar estas antiguas corrientes. El pensamiento revolucionario se alcanza mediante la realización y la supresión, es decir que el Situacionismo realiza lo que el anarquismo no logró realizar, y supera las formas políticas marxistas abogando por la supresión de la dominación estatal.

Una enseñanza de la Comuna de París es el pueblo en armas, una fusión entre la propia revolución y la lucha armada obrera. También alienta a la destrucción de la ciudad capitalista, y la construcción sobre sus ruinas de una ciudad al servicio de la clase trabajadora. Se observa esta tendencia en la quema de edificios públicos parisinos ante la represión gubernamental. La ciudad se parapeta tras las barricadas, la masacre sucede barrio a barrio, la contrarrevolución vence igual que sucedería más tarde en la Revolución mexicana, rusa o española.

El alimento comenzó a escasear porque los usureros guardaban la comida en almacenes, pero las mujeres deciden asaltar estos almacenes poniendo a disposición popular todos los alimentos. Además, son las mujeres las que en la última semana de la Comuna de París defenderán a sangre y fuego las barricadas en las calles parisinas.

La Comuna de París pone de relieve la distinción entre el tiempo de rutina y el tiempo poético, y se plantea como única salida digna la misma muerte. El aprendizaje personal y colectivo en tan solo unas semanas fue tan intenso que a muchos obreros se les hacía imposible retomar sus vidas anteriores de opresión. Su experiencia vital en ese momento revolucionario fue muy fuerte en cuanto a la práctica de la acción directa y la autoorganización, por lo que prefirieron morir defendiendo las barricadas que volver a su tiempo anterior de rutina, el tiempo poético se impuso como el de verdadero valor.

Bibliografía asociada:

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-30822019000100013

https://agitacion.wixsite.com/home/post/la-comuna-vive-documentos-sobre-la-comuna-de-par%C3%ADs-tercera-parte

https://elobrero.es/cultura/49466-proceso-y-represion-de-la-comuna-en-paris.html

fuente: TODO POR HACER

PIOTR KROPOTKIN. CENTENARIO DE LA MUERTE DEL ABUELO DEL ANARQUISMO Y DEL APOYO MUTUO

«Somos ricos, muchísimo más de lo que creemos. Ricos por lo que poseemos ya; aún más ricos por lo que podemos conseguir con los instrumentos actuales; infinitamente más ricos por lo que pudiéramos obtener de nuestro suelo, de nuestra ciencia y de nuestra habilidad técnica, si se aplicasen a procurar el bienestar de todos»

Este año viene repleto de aniversarios conmemorativos para la memoria social; de hecho nosotras mismas este mes cumplimos una década como periódico, y nos enorgullece coincidir en aniversario con el homenaje en el centenario de Piotr Kropotkin. Hace cien años que nos dejase para siempre el abuelo del anarquismo, uno de los principales pensadores de esta filosofía entre los siglos XIX y XX. Además, geógrafo y naturalista, que nació en el seno de una familia aristocrática rusa, por lo que se le conoció como el Príncipe, título otorgado a un noble emparentado con la familia imperial zarista.

Kropotkin debe ser analizado como hijo del siglo XIX, racionalista e ilustrado, heredero político de la Revolución Francesa, influido profundamente por pensadores como Jean-Jacques Rousseau y sus ideas sobre la sociedad igualitaria, o François Babeuf y su Conjura de los Iguales. De la misma manera, le inspiraron las acciones revolucionarias de finales del siglo XIX, con la facción política de los enragés. Por lo tanto, debe entenderse el pensamiento de Kropotkin como un aporte determinante al desarrollo de las ideas socialistas y libertarias, desde su origen en la filosofía europea que aspiraba al universalismo.

Piotr Kropotkin

Considerado uno de los grandes propagandistas del anarquismo en el siglo XIX, éste aventuraba una sociedad sin violencia estructural ni autoritarismo estatal. Su concepción de la sociedad se basaba en la cooperación voluntaria de personas libres. Escribió muchos libros, folletos y artículos, siendo los más destacados La conquista del pan y Campos, fábricas y talleres; y su principal obra científico-social, El apoyo mutuo. También contribuyó con el artículo sobre anarquismo en la edición de 1911 de la Encyclopædia Britannica y dejó un trabajo inacabado sobre filosofía ética anarquista. Ha influido notablemente sobre otros pensadores del siglo XX como Daniel Guerin, Emma GoldmanMurray Bookchin o Noam Chomsky.

Sus orígenes revolucionarios: militar, explorador, científico social, y exiliado político

Aunque otros revolucionarios rusos también tenían origen en familias ricas en el siglo XIX, Kropotkin nació en el seno de una familia perteneciente a la nobleza más alta. Su padre tenía tierras en tres provincias rusas distintas y más de mil siervos. Kropotkin, que ostentaba el título de Príncipe, se graduó en el conocido como Cuerpo de Pajes en San Petersburgo, la academia militar más exclusiva de la época en la Rusia zarista. Fue incluso paje de cámara de Alejandro II y recibió formación para convertirse en ministro o general. 

Una vez finalizada su preparación, sirvió durante cinco años en el Ejército ruso entre 1862 y 1867; y si bien podría haber elegido un destino más cómodo decidió partir en expedición a una región de Siberia, alejándose de la vida en la corte, que le resultaba fuertemente opresiva. En estos años siberianos estuvo como evaluador del sistema penitenciario zarista en torno a la ciudad de Irkutsk, donde entró en contacto con literatura clandestina, en concreto con algunas obras del anarquista francés Proudhon. También observó las relaciones de cooperación directa y autónoma entre los campesinos frente a la burocracia estatal y la corrupción administrativa; allá donde no había autoritarismo centralizado, las relaciones sociales entre las distintas comunas suplían las entidades de poder organizadas desde abajo y horizontalmente.

Es por ello que debe verse en Kropotkin a un teórico del anarquismo, que reconoció el valor de esta ideología no como teoría filosófica en el ámbito teórico exclusivamente, sino como un movimiento que se originaba en el pueblo y solo podía conservar su vitalidad y su fuerza creativa permaneciendo unido a sus raíces populares.

Tras su expedición siberiana y algunos viajes por Manchuria, abandonó la disciplina militar. Sus expediciones geográficas le valieron para realizar algunos trabajos científicos y dedicarse enteramente a esta actividad. Regresó a San Petersburgo en 1867, siendo nombrado miembro oficial de la Sociedad Geográfica rusa. Dedicó varios años a explorar glaciares de Finlandia y Suecia y comenzó a aplicar estos conocimientos sociales y naturales a sus inquietudes revolucionarias ya despiertas anteriormente. Estudió ampliamente escritos de teóricos de la política y acabó adoptando perspectivas del socialismo revolucionario. Participó en 1872 en la Primera Internacional, primeramente como marxista y más tarde evolucionando hacia posturas plenamente anarquistas, o de comunismo libertario.

Tras su paso por Suiza en esta convención política internacional, regresó a Rusia y comenzó a difundir el pensamiento anarquista, por lo que sería arrestado y encarcelado en 1874, tras varias ocasiones en las que logró librarse de su apresamiento cambiando de aspecto e incluso de residencia habitualmente. Fue enviado a la Fortaleza de Pedro y Pablo, una de las prisiones de mayor seguridad en la Rusia zarista, y posteriormente a la Prisión Militar de San Petersburgo, de la cual consiguió fugarse. Es en ese momento cuando comienza un periplo de un largo exilio político por Europa y que no finalizaría hasta la Revolución Rusa en 1917.

Las principales obras del exilio europeo: La conquista del panCampos, fábricas y talleres; y el Apoyo Mutuo

«ANARQUISMO (del griego an-, y arke, contrario a la autoridad), es el nombre que se da a un principio o teoría de la vida y la conducta que concibe una sociedad sin gobierno, en que se obtiene la armonía, no por sometimiento a ley, ni obediencia a autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los diversos grupos, territoriales y profesionales, libremente constituidos para la producción y el consumo, y para la satisfacción de la infinita variedad de necesidades y aspiraciones de un ser civilizado»

Élisée Reclus

Tras un breve periodo en Inglaterra, decidió establecerse en Suiza, concretamente en Neuchatel en diciembre de 1876, incorporándose a la Federación del Jura, asociación anarquista integrada por relojeros suizos. Fue en esta federación donde conoció a los libertarios Carlo Cafiero y Errico Malatesta, de la sección italiana de la Internacional. En Ginebra conoció al geógrafo anarquista Élisée Reclus y continuó durante varios años su periplo viajante por Bélgica, Francia, e incluso España. Se dedicó estos años a la propaganda y la acción anarquista clandestina, fundó dos periódicos: L’Avant-Garde Le Révolté.

Instalado en Francia, fue detenido en 1883 y condenado a cinco años de prisión por sus actividades anarquistas. Tras ser liberado tres años después, se trasladó a Gran Bretaña, donde residió y trabajó durante treinta largos años de exilio. De su periodo de actividades políticas revolucionarias y propaganda, hay que destacar algunas de sus obras más importantes, que perfilan el pensamiento de Kropotkin y sus aportes a la creación de la economía del comunismo libertario o anarco-comunismo.

La Conquista del Pan Campos, fábricas y talleres, son dos obras clave para comprender su propuesta social y económica para los grupos sociales. Manifestaba la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, la expropiación del total de la riqueza social por el pueblo mismo, y una economía común coordinada a través de una red horizontal de asociaciones voluntarias. Intentaba proponer un equilibrio entre individuo y sociedad colectiva, no basado en la posesión de medios de subsistencia, sino en la utilización de herramientas comunes para sobrevivir según las necesidades de cada grupo o individuo. Para Kropotkin no tiene sentido la repartición de la producción según un baremo de valor-trabajo; porque la producción es un proceso social, solo comprensible como fruto de los esfuerzos de la comunidad completamente. Si bien es cierto, que estas teorías abrían camino en el siglo XIX a unas alternativas necesarias de contemplar y practicar para romper la hegemonía del libre mercado de competitividad social; la economía del común ha sido ampliamente complementada décadas después por nuevos factores sociales, la evolución del propio capitalismo y la necesaria inclusión de la ecología y el género en toda esta perspectiva. La Comuna de París en 1871 influyó notablemente en Kropotkin y su propuesta del comunismo libertario y es cierto que marca un hito en la historia del pensamiento y la práctica anarquista.

Por otro lado, su otra obra protagonista sería El Apoyo Mutuo, también escrita durante su exilio británico, en este trabajo teórico condensa todos sus conocimientos previos sobre naturalismo. Escrito como respuesta al darwinismo social, y que tras examinar la cooperación entre animales no humanos, concluye que el apoyo mutuo también ha sido determinante en la evolución biológica. Renunciar a la solidaridad por la competitividad en todos los ámbitos de la vida social, genera la construcción de estructuras jerarquizadas y el autoritarismo. Si bien es cierto que Kropotkin concluía que el ser humano tiende de manera natural a la cooperación espontánea, Errico Malatesta contrapuso que las sociedades humanas tendieran naturalmente al apoyo mutuo, sino que este debe ser una herramienta pedagógica que se practique activamente para construir sociedades de la economía común.

La Gran Guerra europea, la Revolución Rusa y el sentido adiós al Príncipe ácrata

Durante los años previos a la Primera Guerra Mundial, Kropotkin rompió la línea anarquista del antibelicismo entre potencias coloniales y tomó partido por la Francia republicana frente a la política militarista del Imperio Alemán de Otto Von Bismarck. Kropotkin firmó junto a otros pocos anarquistas como Jean Grave o James Guillaume el Manifiesto de los Dieciséis, que le enfrentó al director del periódico libertario inglés Freedom y a una inmensa mayoría de anarquistas encabezados por Errico Malatesta o Emma Goldman, posicionados en contra de cualquiera de los bandos nacionales en una guerra imperial y colonialista. Kropotkin y su grupo en apoyo de los Aliados en el conflicto bélico quedó aislado del resto de los círculos anarquistas.

Nestor Makhno

Sin embargo, desde la Revolución de 1905 en Rusia, Kropotkin fue notablemente leído y sus pensamientos extendidos por todo el país; por lo que el estallido de la Revolución en 1917, dará un giro importante a los acontecimientos que le llevarán a Kropotkin al regreso a Rusia. A pesar de su edad y deteriorada salud participó en los primeros meses en actos, discursos y reuniones; e incluso rechazó participar del gobierno menchevique como le propuso el presidente Kerensky. Sobrevenida la Revolución de Octubre y el triunfo de los bolcheviques, determinó que Kropotkin apoyase los sóviets como cooperativas autónomas. A principios de mayo de 1919 se entrevistó en Moscú con Lenin y aunque la reunión fue cordial, Kropotkin criticaba los métodos coercitivos y la inmensa burocracia autoritaria de los bolcheviques. Los opositores anarquistas como Grigori Maksimov o Volin y otros grupos libertarios en Rusia fueron fuertemente reprimidos; al igual que Nestor Makhno en el sur ucraniano y sus colectividades autónomas.

Su muerte se produjo el 8 de febrero de 1921 debido a una fuerte neumonía. Su familia y amistades anarquistas rechazaron el funeral oficial que ofrecieron los bolcheviques. Se reabrieron clandestinamente imprentas clausuradas por el gobierno bolchevique para difundir panfletos en homenaje a Kropotkin. Emma Goldman y Alexander Berkman participaron de este sepelio y más de cien mil trabajadores, campesinos y estudiantes ondeando banderas negras recorrieron el camino desde el Palacio del Trabajo en Moscú hasta el Cementerio de Novodévichi. La despedida del viejo pensador ruso, del abuelo del anarquismo y del apoyo mutuo fue la última gran manifestación libertaria durante el gobierno bolchevique. Cien años después sus ideas no son una simple nostalgia, sino una necesidad de revisar y analizar para incorporar a los grupos sociales que nos reconocemos en las periferias, para abrir brecha en este neoliberalismo autoritario.

Funeral de Kropotkin

Bibliografía:
https://www.portaloaca.com/pensamiento-libertario/textos-sobre-anarquismo/6530-ique-es-el-anarquismo-parte-ii.html
https://anarkobiblioteka3.files.wordpress.com/2016/08/anarquismo_una_introduccic3b3n_-_dolors_marc3adn.pdf
http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/el-adios-del-principe-anarquista-emma-goldman-y-el-funeral-de-kropotkin
https://www.elviejotopo.com/autor/piotr-kropotkin/

https://www.historiahoy.com.ar/el-principe-los-acratas-n593
https://es.rbth.com/cultura/2014/01/13/el_principe_kropotkin_padre_del_anarquismo_en_rusia_36281

Publicado en Todo por hacer
https://www.todoporhacer.org/piotr-kropotkin/

De Despotismo, viruelas y vacunas. Una historia de capitalismo colonial más

“El número de hombres hace la riqueza de los Estados […] considero a los hombres como una manada de ciervos en el parque de un gran señor porque no tienen otra función que la de poblar y llenar el recinto” – Federico II a Voltaire.

La viruela, durante siglos, democratizó la muerte asolando los pueblos de todo el mundo sin distinción de clase. En las colonias británicas de Norteamérica fue incluso deliberadamente empleada como arma biológica del Imperio contra aquellos pueblos originarios que más costó dominar. Para la Corona española fue muy importante en su devenir, ya que casi acabó con la dinastía de los Austrias, lo que determinó en buena medida a la posterior instauración de los Borbones (no sin antes pasar por la cruenta Guerra de Sucesión). En sus colonias de Abya Yala[1], hizo estragos esquilmando -y extinguiendo en algunos territorios- su población originaria con un genocidio vírico desde los inicios de la colonización. En la Europa del S. XVIII se estiman en 400 mil sus muertes.

Si bien en China, India y otras muchas partes del inmenso mundo no europeo ya se conocía la variolización como método para tratarla con una eficacia cuestionable desde hacía mucho tiempo, es al inglés Edward Jenner a quien se le atribuye la invención de un remedio efectivo contra la viruela allá por 1796. Famosa es la ‘anécdota’ que llevó a Jenner a encontrar tal solución, y que no es otra que la apropiación de los saberes tradicionales de las ordeñadoras de las zonas rurales inglesas que sabían que las pústulas que les salían en los brazos al infectarse de una variante de la viruela que afectaba a las vacas, las inmunizaba frente a la viruela humana. Jenner no inventó nada. Transformó en una práctica médica unos saberes populares, algo que sucedió en muchos otros campos del saber de manera sistemática en el contexto de la Ilustración, como por ejemplo, la apropiación y devaluación de los saberes de las mujeres parteras por parte de una incipiente institución ginecológica dominada, eso sí, por hombres. Entendamos que la Ilustración y su idea de progreso ejercía una violencia hacia lo popular, creando un abismo entre ellas, en proceso de transformación de los saberes hacia una ciencia con mayúsculas, elitista e institucionalizada. Como bien puntualizaba el amigo Kropotkin, los saberes no se pueden privatizar porque son acumulados, por tanto, de todas.

Filantropía y utilitarismo como arma del Imperio: La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

Más allá del evidente drama social que supone cualquier proceso de enfermedad y muerte en un contexto epidémico, resulta interesante analizar las lógicas de la clase dominante frente a este problema.

La Corona española, encabezada a finales del siglo XVIII por Carlos IV –quien además sufrió en las carnes de su hija los estragos de la viruela- puso en marcha la primera expedición internacional de índole sanitaria, que tenía como objetivo realizar una vacunación masiva contra la viruela en los territorios de Abya Yala y Filipinas que dominaba: la conocida como ‘Real Expedición Filantrópica de la Vacuna’. Ésta se llevó a cabo entre 1803 y 1806 dirigida por el médico y cirujano alicantino de la corte del rey, Francisco Xabier Balmis y Berenguer y como subdirector, José Salvany y Lleopart. Les acompañarían 22 niños huérfanos de entre 3 y 9 años que serían los encargados de transportar en sus propios cuerpos e infectándose brazo a brazo unos a otros a lo largo del infernal trayecto por mar las pústulas de la viruela vacuna, muchos de los cuales no consiguieron sobrevivir siquiera al viaje.

A pesar del rimbombante nombre con la que se bautizó, lo cierto es que esta expedición de altruismo tenía poco y sí mucho de ideología dominante: el problema de la viruela no era considerado en sí un problema sanitario, sino demográfico. Es decir, un problema de escasez de mano de obra en las colonias, imprescindible para seguir alimentando la voracidad de un capitalismo mercantil colonial en pleno apogeo.

El contexto en la que se enmarca la Real Expedición responde a una lógica típicamente ilustrada. El paternalismo era el tipo de relación que se establecía entre el poder político y religioso con sus súbditos en el contexto del Despotismo Ilustrado (“¡Todo por el pueblo pero sin el pueblo!”). El Rey se erigía como un padre utilitarista que sabía que los brazos de sus súbditos eran la base de la riqueza por lo que la cuestión demográfica era absolutamente central para las monarquías y, por supuesto, colonial como forma de legitimar el saber europeo. También se sucedieron otras expediciones científicas, enmarcadas todas ellas en el contexto del Reformismo borbónico y como modo de centralizar el poder y revitalizar el imperio. Por otro lado, ese optimismo ilustrado por lo humano, que se materializa en 1789 con la proclamación de los Derechos del Hombre por la Asamblea constituyente francesa, sustituye paulatinamente la caridad en filantropía, con su poder de legitimación por parte del estado. De ámbito público y privado, se abren multitud de inclusas, espacios destinados a recoger niños abandonados donde se unen la filantropía y la idea utilitarista de hacer de todo individuo una persona útil a la sociedad. En este sentido, se produce un cambio de mirada hacia la infancia en esa época (nace la Pediatría como especialidad), teniendo estas instituciones un papel bastante relevante. La elevada mortalidad infantil sonrojaba al ilustrado y la ciencia comienza a poner su foco sobre él. El cuerpo del niño se convierte en un ‘laboratorio de pruebas’ y las inclusas los espacios donde en gran medida se llevan a cabo. No es extraño pues, que los 22 niños que partieron en la expedición procedieran de estas.

Derroteros de una expedición fallida

La expedición salió el 30 de noviembre de 1803 desde A Coruña con destino Abya Yala. La urgencia por parte de la colonia, que seguía azotada por constantes epidemias de viruela, provocó la entrada en su territorio de la vacuna por vías extraoficiales y totalmente independientes de la metrópoli antes de la llegada de la expedición oficial de Balmis.

Por la zona del Caribe, penetró gracias al contrabando con la colonia británica de Saint Thomas a través de Puerto Rico en 1803 y de ahí a Cuba y Venezuela. En la Capitanía General de Chile y los Virreinatos de Perú y Río de la Plata, entró a través del comercio de esclavos africanos en Brasil allá por 1805. Esto provocó no pocos contratiempos y hostilidades con las autoridades de la colonia, en primer lugar, por la evidente inutilidad de la propia expedición, donde quedaba en entredicho la idea de ‘salvación’ por parte de la Monarquía española. En segundo lugar, porque modificó el desarrollo de la propia expedición, dividiéndose en dos. Una encabezada por Balmis hacia el Virreinato de Nueva España y de ahí hacia Filipinas, Macao y Cantón en China e Isla Santa Elena y de nuevo a España completando la circunnavegación, y por otro, la de Salvany hacia Nueva Granada y Perú, encontrando este la muerte en Cochambamba en 1810, completándola Grajales hacia la Capitanía de Chile y resto de territorios del sur. En tercer lugar, la falta de personas sin inmunidad complicó la propia forma de administración de la vacuna brazo-brazo, por lo que Balmis acabó recurriendo a la compra de esclavos. Ante esta aparente inutilidad, lo que si es cierto, es que la expedición contribuyó en cierta manera a la formación de las Juntas de la Vacuna por todo el territorio, aunque esto no hubiera sido posible sin la estructura que los científicos de Abya Yala ya tenían implementada y que respondía, en buena medida, a una concepción independentista en la colonia que ya se respiraba. Esto, unido a la onda expansiva que provocó la independencia de las 13 Colonias y la Revolución Francesa, serán claves en los procesos independentistas que se sucedieron a lo largo del XIX en Abya Yala, algunos de los cuales fueron simultáneos a la propia expedición: Viruela y colonialismo como enfermedad frente a la vacuna e independencia como cura.

A pesar de que este episodio de la larga y vergonzosa historia colonial puede que no sea muy conocida, sí sigue siendo ensalzada por la historiografía oficial y aquellos nostálgicos imperialistas de la hispanidad como un hito importante, rescatando esa idea de la grandeza y bondad del imperio para con sus ‘salvajes’, obviando de manera interesada lo que a todas luces fue un fiasco y los intereses a los que respondía. Hay que decirlo más: No, la Monarquía española no ‘salvó’ a sus súbditos de Abya Yala de la viruela. Es puro discurso colonial a combatir.


[1] Abya Yala es el nombre con que se conoce al continente que hoy se nombra América. Es aceptado ampliamente por varias de las actuales naciones indígenas como el nombre oficial del continente ancestral en oposición al nombre extranjero y colonial América.

FUENTE: TODO POR HACER